viernes, 13 de septiembre de 2013

Habla!!!


Un simple constipado. Eso dice su abuela pero ella no lo ve así. La cabeza le duele horrores, tanto que ni siquiera es capaz de pensar en algo. Y la garganta, apenas le deja hablar. Necesita reposo, es lo que dice su abuela, pero no puede, tiene demasiadas cosas que hacer, no puede pasarse el día en la cama. Tiene que ir a clase, hacer dos exámenes, volver a casa, hacer la comida, comer, llevar a Dani al dentista, ir a hacer la compra, volver, limpiar, poner un par de lavadoras, planchar…

-No, señorita, hoy no vas a salir de esta cama y mañana ya veremos.
-Abu…
-Yo cuidaré de ti y de Dani. Además ese amigo tuyo tan majo, puede venir a cuidarte mientras no estoy.
-¡No! Bruno no puede verme así, no.
-Tú verás, pero tú te quedas en la camita. Intenta descansar.

¿Y qué va a hacer todo el día aquí metida? Su móvil se ha quedado sin batería, la consola está en el salón, no puede leer porque le lloran los ojos… No puede hacer nada. Sólo pensar, pensar en todos sus problemas, que no son pocos. El primero, la tutela de su hermano. Estuvo hablando del tema el otro día con su abuela y la verdad es que tiene razón, que es mejor esperar un poco, que su padre nunca ha sido muy dado a conversar ni a acceder a sus peticiones, ¿por qué iba a ser distinto esta vez? Además, si se lo pidiese y aceptase probablemente les echaría de su casa que por algo es suya y eso solo les causaría más gastos y no es que les sobre el dinero precisamente. Y ese es el segundo problema, el dinero. Cierto es que nunca han andado sobrados pero al menos podían mantenerse, ahora con menos paga y cada vez más gastos, no le salen las cuentas. Y un montón de problemas más en los que prefiere no pensar de momento. Y luego está Bruno aunque no sea realmente un problema. Bruno es tan guapo y se porta tan bien con ella que no puede evitar que sea el dueño de gran parte de sus pensamientos, todo parece tan fácil con él a su lado… Ha oído hablar tanto del amor, no en su casa, claro, que ya no está segura de lo que es, de lo que se siente cuando te enamoras. Pero Bruno le hace sentirse como en una nube, sus abrazos son suficientes para evaporar los problemas, y cuando ese abrazo se acaba, ella se queda con ganas de más, de más abrazos, de más caricias de más besos como aquel. Todavía no se explica cómo pasó, ni cómo un roce tan leve pudo despertar en ella tantas sensaciones, algunas de ellas totalmente nuevas. Y en estos pensamientos, se queda dormida.

 

 

 

 

 
-Nada, no sé nada.
-¿No te ha contado nada?
-No, ¿qué tenía que contarme?
-No, si no dice nada, yo no hablo que luego la preparo.
-No me puedes dejar así, ¿qué pasa?
-Es sobre su familia.
-Cuéntamelo todo.
-Su hermano.
-¿Qué ha pasado?
-Ya he dicho demasiado.
-¡Valen! O hablas o te mato.
-No…
-Dímelo
-Me va a matar.
-Y si no lo hago yo. Habla.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Otro amor


-¿Lía? ¿Cómo estás?
-Bien, todo lo bien que se puede estar en mi situación.
-Yo… lo siento mucho, debería haberme alejado cuando me llamó Valen.
-No es culpa tuya, no lo sabías.
-Pero me siento mal.
-No tienes por qué, eres una gran amiga apoyándome ahora. Gracias, por estar ahí.
-Entonces, estás bien, ¿no?
-Perfect.
-Vale, me quedo más tranquila. Cuídate. Quedamos un día de estos y me cuentas.
-OK.

Lía vuelve a dejar el móvil sobre la mesilla. Y se da media vuelta en la cama. A su lado está el compañero de piso de su prima. Ella se acerca más y se deja rodear por sus brazos, apoya la cabeza en su pecho depilado y juega con uno de sus preciosos rizos rubios. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan bien como en este momento, entre los brazos de ese chico que le ha hecho perder tanto y a la vez ganar mucho. La culpabilidad ya se ha borrado totalmente de su mente, ahora ya le da igual lo que Sergio haga o deje de hacer, si se lía o no con otras tías, lo único que le importa, o mejor dicho, el único que le importa es el que está ahora mismo a su lado.

-Entonces, si has dejado a tu novio ahora estás libre, ¿no?
-Exacto.
-Y ¿te importaría entrar en otra relación?
-Contigo no. I love you , darling.
-¿Puedo considerarte mi novia?
-Debes hacerlo, my love. Pero no se lo digas a Valen, no se lo tomará bien.
-No se va a enterar.

 

 

Valentina se despierta pronto. Es martes pero no le apetece levantarse para ir a la academia. Y menos aún cruzarse con su prima en el desayuno. Lleva evitándola desde que ella se acostase con Ricky, empresa harto complicada teniendo en cuenta que viven en la misma casa. Hasta hoy ha sido ella la que se ha quedado en su cuarto o se ha ido sin desayunar para no verla, pero no quiere seguir así. Esta es su casa no la de Lía. Están solas en casa, Tania ha salido pronto y acaba de oír a Ricky cerrar la puerta. Sale de su habitación y va a la cocina. Allí está su prima.

-Buenos días.
-Si tú lo dices…
-Tenemos que arreglarlo, Valen, no podemos estar así.
-Haberlo pensado antes de hacer lo que hiciste.
-Perdóname, yo ya he perdonado que me llamases zorra.
-No.
-¿Tanto te molesta que me tirase a Rick?
-Pues sí, joder es mi amigo, mi compañero de piso y…primero le ruegas a Sergio que no te deje y luego estás tan feliz. No te entiendo.
-Prométeme que si te lo cuento no te vas a enfadar.
-Habla.
-Estoy saliendo con él, con Ricky.
-¡¿Qué?!  Te has vuelto loca. No te deja uno y ya estás con otro
-Sí, es que no puedo resistirme, está tan bueno…no te lo hemos dicho para no hacerte daño.
-Pues me molesta. Y mucho. Te invito a mi casa y te lías con mi compañero.
-¿De verdad es eso lo que tanto te molesta? ¿No es que te gusta y nunca te has atrevido a decirle nada? 

Valentina tarda en contestar.
-No te montes telenovelas, no soy yo la que se encapricha de todo el tío que ve.
-¿Creía que intentábamos arreglar las cosas?
-No, tú lo intentabas.
-Como quieras, girl- contesta su prima cogiendo la mochila del suelo y saliendo de casa.

Valen se sienta en una silla y llama a Azi. Necesita hablar con ella, saber que, al menos ella, le apoya. Pero no lo coge, así que se levanta de la silla, coge un par de galletas del paquete que está sobre la mesa y se marcha.
Su prima tiene razón, le gustaba Ricky, mucho, empezó a fijarse en él hace unos meses. Era tan perfecto que no pensaba que alguien pudiese gustarle más que él, con sus ricitos, su mirada, sus labios… Pero se equivocaba, ha aparecido alguien que ha hecho que su corazón se revolucione.

jueves, 25 de julio de 2013

Se acabó


-Joder, ¿y ahora qué voy a hacer?
-Pues apechugar, tú te has tirado al rizos así que ajo y agua. No pensarías que ibas a poder tener a los dos, ¿no?
-Pero yo no quiero perder a Sergio, yo le quiero.
-Pues haberlo pensado antes.
-Joe, prima, que poco colaboradora estás hoy. ¿Por qué te molesta tanto?
-Porque no me gustan las infidelidades.
-¿Sólo eso?
-Y que Sergio no se lo merecía.
-Si es que…no quiero que me deje. No se lo cuentes porfi.
-Tarde.
-¿Ya se lo has dicho?
-No, yo sólo llamé a Azi para contárselo pero estaba con los chicos y se enteraron.
-¿Eres subnormal? Joder, ya lo he perdido y es por tu culpa.
-Perdona, pero no soy yo la que se ha metido en otra cama para ponerle unos cuernos de aquí a Sevilla. ¡Zorra!
-¡¿Qué me has llamado?! Creía que eras mi amiga, ¡eres mi prima! Creí que al menos tú me
apoyarías.
-No, bonita, tú te…

El timbre interrumpe a Valentina. Se levanta y abre la puerta. Es Sergio.
-Ahí la tienes. Yo me piro.
-Bruno está abajo.
-Vale.

La chica coge su chaqueta y sale. Él avanza por el pasillo hasta llegar al salón donde su todavía novia está esperándole.
-Lo siento. Es que…
-No quiero excusas. Ya no quiero nada de ti.
-No, no digas eso. Yo te quiero.
-Ya no me vale, ni siquiera fuiste capaz de decirme que habías venido a vivir aquí. Y ahora entiendo perfectamente por qué.
-Te lo iba a decir, pero se me pasó. Perdóname, please. No puedo vivir sin ti. Fue culpa suya, él me embaucó y…
-Dos no se lían si uno no quiere y tú querías. Además, Lía, ya llevábamos mal mucho tiempo. Se acabó.
-No, quédate y te lo cuento todo tranquilamente.
-No, no quiero saberlo y me están esperando abajo. Adiós, Lía.
-No me llames así, llámame Rosi o Ros o Rosalía, me da igual, pero no me abandones. Te necesito, amor.
-Se acabó- Sergio se va dejando a Lía llorando sobre la alfombra roja.
-¿Tienes novio?
-Ya no, le he dejado por ti, cari-dice secándose las lágrimas de las mejillas-. Tenía que fingir. I love you, Rick.
-Eres una caja de sorpresas.
-O de bombones.

domingo, 14 de julio de 2013

Y tan feliz


Vueltas y más vueltas. No consigue conciliar el sueño. Se incorpora y enciende la luz. Su móvil, sobre la mesilla, parece mirarla. Se siente culpable. Culpable por perderse en otros ojos, por soñar con otros labios, por pensar en otros besos, por escuchar otra voz en su cabeza. Porque si no duerme
esta noche no es porque extrañe su cama sino porque está pensando en otro que no es él. ¿Cómo puede siquiera pensar en ese chico tan atractivo, en sus labios tiernos y rojos, en sus ojos brillantes, en sus manos suaves, en sus mejillas ruborizadas, en su voz dulce y melodiosa, en su cuerpo atlético…? No, tiene que sacarle de ahí pero ya. El problema es que ya es tarde, tal vez demasiado.

 

 

 
¿Qué habrá querido decir? ¿Una locura? ¿Por qué le asustaba tanto la idea de ser su hermano? ¿Tan mala es como hermana? ¿O es que no la quiere solo como hermana o amiga? No, imposible: ¿cómo va a fijarse Bruno en una chica como ella? ¿Entonces? No es mala hermana, ¿no? Dani parece feliz. Y ese es otro problema: Dani sigue bajo la tutela de su padre y ahora que ella es mayor de edad va a hacer todo lo posible para que eso cambie. Va a hablar  con ese hombre cuanto antes. Ella es la que siempre se ha ocupado de su hermano y ahora quiere hacerlo de forma oficial.  Aunque si su padre se resiste necesitará un abogado y para contratarle dinero y no será fácil obtenerlo. Antes no era complicado conseguir un trabajo como camarera en cualquier bar del barrio pero ahora la cosa está más difícil con no sé cuántos millones de parados. Además con el aumento de impuestos de luz y gas y todo eso, cada vez les cuesta más llegar a fin de mes y si contamos con que a partir de ahora su padre sólo va a pagar la parte de su hermano, el futuro se ve cada vez más negro. Y la verdad es que sus sentimientos pasan a un segundo plano, es mejor dejarlos apartados por lo menos por ahora.

 

 

-¿Que ha hecho qué? ¿Se ha largao de casa de sus padres?
-Sí. Valen me lo dijo.
-No es para tanto, ¿no?-interviene Bruno.- Ya es mayorcita.
-Si no es eso, lo que me jode es que no me haya dicho nada. Creía que siendo su novio me merecía esa información pero parece que no.
-No te pongas así, seguro que te lo iba a decir, se le habrá pasado- Azahara intenta defender a su amiga aunque comparte la opinión de Sergio.
-¿Sí? ¿Y cuándo me lo iba a decir? Ya han pasado tres días, a mí parece suficiente.

El móvil de la chica empieza a sonar en su bolsillo. Es Valentina. Es viernes y a estas horas suele estar en la academia de baile. Azahara se extraña pero aun así responde a la llamada.

-Menos mal que lo has cogido, necesitaba hablar contigo.
-Pero ¿no deberías estar bailando?
-No, hoy no tengo clase. Además tengo que contarte algo porque si no exploto.
-Claro, dime.
-Es Lía. No sé cómo ha podido ser capaz.
-¿De qué?
-De traicionarle así.
-¿A quién? ¿Podrías ser más explícita, por favor?
-¡Se ha liado con Ricky!- chilla Valen-. ¿Te ha quedado claro ahora?
-A mí sí y a Sergio también. Estoy con él y con Bruno y te acaban de oír.
-Me da igual, tenía que enterarse del tipo de novia que tiene. Además, lo iba a acabar sabiendo tarde o temprano. Mejor así. Tenía que saber que su novia es un putón.
-¡Valen! Que es tu prima.
-Y un putón. Si no, ¿por qué se liaría con otro que no es su novio? Te dejo que tengo cosas que hacer, ya hablaremos. Un beso.

Azahara cuelga y mira a los chicos. Sergio no parece tan molesto con la noticia como ella había previsto. Bruno, en cambio, parece estar algo más consternado.  
-¿Estás bien? Tío, ¿estás sonriendo?- le pregunta incrédulo a su amigo.
-Nuestra relación no iba bien desde hacía tiempo y ahora tengo la excusa perfecta para acabar con ella.
-¿Y ya está? ¿No vas a cabrearte ni a subirte por las paredes ni a romper nada ni a romperle la nariz a ese tío? ¡Te acaban de poner los cuernos!-le dice la joven-. ¿No vas a hacer nada?
-Sí, voy a ir a decirle que se ha acabado.
-Cada día os entiendo menos, de verdad, una semana os matáis por una tía y al día siguiente sonreís cuando os pone los cuernos. Luego somos nosotras a las que no se nos entiende. Mejor me voy, tengo que ir a visitar a mi abuela, ya me contaréis cómo acaba esto. Adiós, chicos.

Azahara se marcha de la casa de Bruno. Los chicos permanecen sentados en el sofá. Bruno intentando explicarse cómo puede darle igual a su amigo que su novia desde hace once meses le haya sido infiel.

-De verdad, ¿no te importa?
-Llevaba buscando una excusa para dejarla desde que conocí a Azi.
-¿Todo es por Azi? Ya te dije que no quería novio, que ella está mejor así.
-Pero yo no. Además que si no quiere novio es porque no me ha visto como una posibilidad.
-Ya, será por eso. Es tu último capricho, ¿no? ¿Cuánto vas a tardar en cansarte de ella y dejarla tirada como vas a hacer ahora con Lía? No, no vas a hacer eso con Azi, no voy a dejar que le hagas daño.
-¿Qué? Yo no voy a hacerle daño. Además ¿a ti que más te da que salga con ella? ¿Te mola?
-No, para nada. Yo sólo la quiero como amiga pero no voy a dejar que nadie le haga daño así que piénsatelo dos veces antes de hacer algo de lo que puedas arrepentirte.
-Te has vuelto muy sobreprotector con ella, ni que fuera tu hermana.
-Ya.

sábado, 6 de julio de 2013

HERMANOS?!!


-Llegas un poquito tarde, ¿no?
-Tonterías. Llego a tiempo. ¿Dónde tienes la escoba?
-Aquí. ¿No la ves?
-Es que ando algo despistao hoy.
-¿Hoy?
-¡Qué graciosa, Azi! Seguro que no te hace tanta gracia cuando sepas por qué llego tarde.
-¿Qué ha pasado?- su tono se vuelve más serio.
-Es Hugo.
-¿Qué le ha pasado?
-Se ha caído por las escaleras. Iba borracho como una cuba y …catapum. Es que es gilipollas, de verdad. Él no solía ser así. No se había pillado una así desde…yo qué sé cuándo.
-¿Y por qué ahora?
-Porque le ha dejado su novia. Pero ya podía haberse atiborrado a helado como en las pelis y no a alcohol.
-Pero ¿ha sido grave?
-Poco para lo tenía que haber sido. Sólo se ha fracturado la tibia. Ya ha salido del hospital.
-Menos mal.
-Sí.
-¿Sabes qué? Que vamos a dejar la limpieza y nos vamos a tumbar en el sofá y a comer algo mientras hablamos. Tienes que animarte y ya. ¿Qué quieres comer? ¿Un helado? ¿De chocolate? Perfecto.

Azahara vuelve con dos helados y se sienta en el sofá junto a Bruno.
-¿Has hablado con Sergio?
-No, ¿por qué?
-Porque Lía se ha ido a vivir con Valen y sus compañeros de piso y no creo que le haga mucha gracia.
-¿Por qué se ha ido?
-Está harta de sus padres, ya sabes cómo es. Pero lo que no entiendo es que le hayan dejado irse. Es de mi edad, ¿no?
-Sí, pero ya ha cumplido los dieciocho.
-¿Cuándo?
-Como se nota que no la conoces. Ella siempre tiene que ser la primera en todo, incluso en su cumple: es el 1 de enero.
-Ah. Aun así, ¿se puede largar y volver cuando quiera?
-Sí, es un poquillo consentida. Pero deja de hablar de ella, sólo la hará más creída. ¿Por qué no me cuentas cómo acabó la fiesta?
-¿La fiesta? Cuando te fuiste sólo quedaba mi abuela.
-¿Y no se puede hacer una fiesta con la abuela? Las abuelas tienen mucha energía aunque no lo parezca. ¿Y qué hicisteis?-Bruno va volviendo a ser él mismo.
-Hablar.
-Pues vaya. Yo que quería que me contases algo interesante.
-Hablamos de mi madre y de tu padre, de lo que nos contó.
-¿Lo negó?
-No. Pero no era eso lo…lo que más me interesaba.
-¿De qué hablas, Azi?
-En la carta que tenía tu padre mi madre decía que se casó embarazada de él. Y mi madre se casó en agosto. Sí, ocho meses antes de mi cumple.
-¡¿Qué?! Entonces tú y yo seríamos…tú y yo ¿somos hermanos?- cualquier resto de sonrisa que hubiese en la cara del chico se borran por completo. Sólo pensar que Azahara sea su hermana hace que se sienta peor que atropellado por un tren o aplastado por miles de personas. Lo que ella le hace sentir va más allá del amor de hermanos-. ¿Y qué te dijo?

Antes de que la chica pueda contestarle aparece Dani.
-¡Bruno! ¿Qué haces aquí?
-Nada, hablar con tu hermana.
-¿De qué habláis?
-De…
-De Lía- le corta Azahara dirigiéndole una mirada a su amigo para que se calle.

Parece que el tema de conversación no convence al niño que se va dejándolos solos de nuevo. Pero esa espera, aunque  corta, ha hecho que Bruno se ponga cada vez más nervioso.
-¿Ibas a decírselo?
-¿Por qué no?
-Porque no. No tiene que enterarse.
-¿Y yo? ¿Puedo saberlo? ¿Somos hermanos?
-No.

El joven resopla aliviado y suelta una risita.

-¿Te imaginas? ¿Tú y yo hermanos? ¡Qué locura!

Azahara le mira sonriente aunque no sabe muy bien como tomarse que él se alegre de no ser su hermano.

martes, 25 de junio de 2013

Ricitos


-Valen, estoy hasta los cojones de mis padres. Me están volviendo loca que si “haz esto”, “haz lo otro”, “recoge tu cuarto”, “la faldita más larga”, “friega”, “vuelves a las doce”… No les aguanto ni un minuto más. Ayúdame, please.
-Pero ¿qué quieres que haga yo?
-Sacarme de aquí. ¿En tu piso no tenéis alguna habitación libre?
-Sí, pero creo que te olvidas de que no vivo sola.
-Ya, pero necesito salir de esta casa y no tengo money para un piso. No será para mucho tiempo, mis padres se darán cuenta de que me necesitan y me rogarán que vuelva. Por favor, Valen, habla con tus compañeros.
-Vale, pero no te prometo nada.
-¡Gracias! ¿Te he dicho alguna vez que te quiero? Pues lo retiro. ¡Te adoro!
-No te alegres tanto que no lo has conseguido todavía. Voy a preguntárselo, luego te llamo.
-OK.

Valentina se reúne con sus dos compañeros de piso para hablarles de la petición de su prima. Ellos aceptan y en dos horas aparece Lía con una gran maleta rosa chicle.

-Hola, Valen. Muchísimas gracias.
-No me las des a mí. Anda, entra y te los presento. Esta es Tania y este es Alberto. Chicos esta es mi prima Lía.

Lía le dedica primero una sonrisa a la chica para pasar a centrarse sólo en él. Alberto es un chico ni alto ni bajo, ni gordo ni delgado. Su cabello espeso y rizado de un tono casi rubio le cae hasta la mitad del cuello. Su cuello, tan pálido como el resto de la piel conduce a unos hombros anchos  y un tronco cubierto por una amplia camiseta roja tras la que Lía ya puede imaginar una buena tableta de chocolate. Sus brazos son fuertes y sus manos grandes, perfectos para jugar al balonmano, deporte que practica desde hace años según le ha contado Valen.

Las chicas y Alberto siguen hablando pero Lía no está escuchándolos, se ha quedado hipnotizada por los ojos verdosos del joven.
-¿Lía? ¿Estás bien?

De repente sale del hechizo. Es él quien le está hablando con esos labios tan carnosos. Y están solos, ni siquiera se ha enterado de que su prima y la otra chica se han ido.

-Sí, sí, perfectamente.
-Menos mal, ya me habías asustado. ¿Te enseño tu habitación?
-Claro, Alberto.
-Puedes llamarme Ricky si quieres.
-¿Ricky?
-Sí, me llaman así.
-¿Por qué?
-Por mis rizos. Un colega dijo que le recordaba a Ricitos de oro y por eso me empezaron a llamar Ricky.
-Me encanta Ricky, sí. Y juegas al balonmano o algo así, ¿no?

sábado, 15 de junio de 2013

La fiesta


Cuatro menos cinco de la tarde. Azahara escucha música tumbada en el sofá. Suena el timbre. ¿Quién será a estas horas? Se levanta y abre. Su prima Irina aparece ante sus ojos.

-Cualquiera diría que has visto un fantasma, prima.
-No te esperaba.
-Dije que vendría. ¿No has leído mi mensaje, el de esta mañana?
-Sí, pero es muy pronto.
-No, es la hora perfecta para que tú y yo nos vayamos de tiendas.
-No me apete…
-No acepto un no por respuesta así que te arreglas y nos vamos. No te preocupes por la cartera, pago yo.
-Eso sí que no.
-Será tu regalo de cumple. Ah, por cierto, felicidades.
Azahara resopla.
-Voy a prepararme.

Está en su habitación buscando una chaqueta que combine con su nueva camiseta cuando cree oír el timbre. Ya está preparada, sale de su habitación y se reúne con su prima.
-¿Han llamado? Me ha parecido oír el timbre.
-Yo no he oído nada. Anda, vámonos.

Hasta que no han pasado un par de minutos desde que se cerrase la puerta, Bruno no sale de la habitación de Dani. Sergio y Lía no tardan en aparecer y la casa empieza a adquirir un toque más festivo.

 

Azahara va sentada junto a su prima en el autobús. Siente cómo la mirada de la anciana que acaba de entrar se fija en ella, en ese vestido que su prima ha insistido en que se comprase y se llevase puesto. Es bonito pero demasiado fresco para un día como este, en la calle no deben de superarse los doce grados. La señora sigue mirándola así que ella le dedica una sonrisa y se pone a mirar por la ventanilla. Al llegar a su parada y bajarse del bus se tropieza y de no ser porque Irina la ha cogido del brazo se hubiese caído. Son esos malditos tacones que “no podemos dejar en la tienda con lo bien que te quedan”  y que “quedan perfectos con el vestido”. Tiene que reconocer que andar con tacones no es lo suyo a pesar que Lía le haya prácticamente obligado a usarlos últimamente. Irina parece divertirse con la situación.

-¿Por qué te ríes? No es gracioso.
-Tú eres graciosa.
-¿Yo?
-Sí, porque parece que te diese miedo andar. No se van a romper.
-Sí que se rompen, lo vi en una peli el otro día.
-Ya, y yo he visto Crepúsculo y no por eso creo que los vampiros existan.
-Es distinto- la joven se baja un poco el vestido ante la mirada reprobatoria de otra señora-. Otra vieja mirándome. Debo parecer un payaso.
-¡Qué va! Estás muy guapa. Además ya no te van a mirar más viejas, ya llegamos.

Mientras suben en el ascensor Azahara observa su reflejo. No tiene tan mal aspecto después de todo.
-Te falta algo de maquillaje- le dice  su prima sacando del bolso una esponja con maquillaje y extendiéndoselo a base de golpecitos-. Y un poco de pintalabios. Ves, ya estás perfecta.
Azahara vuelve a mirarse en el espejo y, sí, su prima tiene razón, se la ve distinta y mucho más guapa, aunque esté mal que ella misma lo piense. Y aprovechando la distracción de su prima, Irina coge el móvil y le manda un whatsapp  a Dani para avisarle de que están llegando. Llegan a su piso, el noveno, y salen del ascensor. Azahara abre la puerta del apartamento y un “felicidades” gritado a coro le sorprende. Están todos: su hermano, su abuela, sus primos, primas, tíos, tías, Sergio, Lía y Bruno. Y algo le dice que esta fiesta es idea de este último.

-Anda, entra, no te quedes ahí- la empuja Irina.
-No me lo puedo creer, ¿todo esto es por mí?
-¿Por quién si no?
-Gracias, de verdad.
-¡Qué empiece la fiesta!-grita Bruno.

Azahara va saludando uno a uno a todos los invitados hasta llegar a Sergio y Lía que están sentados en uno de los sofás con una chica a la que no reconoce.
-Chicos, está genial. Me encanta cómo habéis dejado la casa.
-Lo sé, es cosa mía, no podía dejarlo en manos de estos dos, ya los conoces- Lía se da cuenta de que su amiga está intentando averiguar quién es la chica que está a su lado-. Esta es mi prima Valen, ¿te acuerda de que te dije que quería presentártela? No te importa que la haya traído, ¿no?
-Claro que no. Encantada de conocerte, Valen.
-Lo mismo digo. Mi prima me ha hablado muy bien de ti.
-Hoy estás guapísima, Azi. Deberías ponerte vestidos más a menudo.
-No sé, Lía. Os dejo que me están llamando.

Coge el móvil. ¿Bruno? ¿Por qué la está llamando? Lo busca con la mirada por el salón pero no lo ve y pasa a la cocina. Ahí está.
-Bruno.
-Por fin te dignas a saludarme.
-¿Por qué me has llamado?
-Porque Lía es muy acaparadora y yo también quiero que me agradezcas la fiesta.
-Ha sido idea tuya, ¿verdad?
-Pues sí.
-Gracias, Bruno. Eres el mejor.
-¡Eh! No me copies mis frases.
-Es que es verdad, no habría podido imaginar un cumpleaños mejor.
-Exageras pero gracias. Por cierto, estás preciosa hoy. Te sienta muy bien ese vestido y cada día te manejas mejor con los tacones- se ríe.
-¿Te burlas de mí? Pruébatelos tú a ver cómo andas.
-Mejor que tú. Mi hermano y yo jugábamos a ponernos los tacones de mi madre cuando éramos pequeños.
-¿En serio? De ti me lo creo pero ¿Hugo?
-Es casi tan infantil como yo, créeme. Pero dejemos de hablar de mi hermano y de mí que hoy es tu día. ¿Te apetece que empecemos ya con la tarta y los regalos?
-¿Habéis traído tarta y regalos?
-Claro, ¿dónde has visto tú un cumpleaños sin tarta ni regalos? Anda, vete al salón que ahora lo llevo todo.

Una tarta de nata y chocolate de tamaño XXL.
-Te va a quedar tarta para otros dieciocho cumpleaños- se burla su tío.

Dieciocho velas con trampa, de esas que no se apagan y una mirada asesina a Bruno por gracioso. Unos cuantos regalos consistentes en un sobre con dinero, un portátil de parte de la familia de Irina y llega el turno de sus amigos.
-Te aviso de que comparado con el portátil lo nuestro es una mierda- le advierte Sergio.
-¡No digas eso!-le riñe su novia-Lo que pasa es que nuestro regalo es distinto, está hecho con el corazón.
-Anda, dáselo.

Azahara coge el paquete que Lía le ofrece. A primera vista puede parecer un libro bastante grande. Quita la primera capa de papel de regalo y se encuentra con otra. Y otra. Y muchas más. A medida que el tamaño del regalo disminuye también lo hace su paciencia.

-Como no haya nada…
-¿No me creerás capaz de algo así?-bromea Bruno-. Yo nunca haría eso.

Al fin consigue desenvolverlo del todo. Es un diario, pero no uno cualquiera, está personalizado con fotos de los cuatro y una de Valen.
-Es precioso.

-No tanto como su dueña- murmura Bruno. Sergio le da un codazo. Parece que nadie más ha oído su comentario-. Y para que puedas abrirlo siempre…

Bruno le entrega un pequeño paquetito. Este no tiene mil capas de papel así que Azahara lo abre sin problemas. Es una pulsera con adornos que cuelgan, uno de ellos es una pequeña llave que abre el diario.
-Gracias, chicos, me encanta.

La fiesta sigue su curso y a medida que la tarde avanza los invitados se van marchando hasta que sólo quedan la abuela y una promesa de Bruno de venir mañana para ayudarla a limpiar.
-Ese muchacho es un tesoro.
-Sí.
-Pero he echado de menos a Ainara. Sí, lo sé, ya no te habla.
-Ni siquiera me ha llamado para felicitarme.
-Tú también la echas de menos.
-Claro, ha sido como mi hermana siempre y ahora no está. Pero no quiero hablar de ella.
-Entonces cuéntame eso que te reconcome desde hace meses y no te has atrevido a contarme.
-¿Qué?
-No te hagas la tonta conmigo que sabes perfectamente de lo que hablo, niña, eso que querías contarme un día que viniste a verme pero no te atreviste y me contaste una milonga sobre tu hermano.
-No es nada, de verdad, abu.
-Yo no me voy de aquí hasta que salga por esa boquita y no intentes mentirme porque sabes que lo sabré.
-Es que…no
-Si es por Dani, no te preocupes, no se va a enterar.
-Vale. Verás…joder, ¡qué difícil es esto!
-Sin tacos, señorita.
-Perdón. Pues verás, el padre de Bruno…resulta que conocía a mamá. Estuvo saliendo con ella pero no les dejasteis y mamá acabó casándose con mi padre.
-¿El padre de Bruno? ¿Cómo se llama?
-¡Ay! No sé.
-¿Y el apellido?
-Fernández, creo.
-Ah, sí, ya sé de quién hablas, un buen muchacho sin duda. Pero no es eso a lo que das tantas vueltas, ¿me equivoco?
-No, ese hombre me enseñó una carta de mamá que le dieron cuando ella murió. Y ella decía…
-Dímelo, cariño, no tengas miedo.
-Que cuando se casó estaba embarazada de él. Y mamá se casó ocho meses antes de que yo naciera.
-¿Si eres hija de ese hombre? ¿Ese es tu miedo? Pues no, hija. Tu madre perdió ese bebé. Creo que nunca llegó a superarlo, le habría encantado poder tener un hijo del amor de su vida.
-Pero no me salen las cuentas.
-Tú eras sietemesina al nacer, cariño.
-Eso lo explica todo. Pero, ¿por qué nunca me lo has contado? Nunca me hablas de mamá, ¿por qué?
-No lo sé, creo que me avergüenzo de mi comportamiento con ella, a veces pienso que si Diana no logró ser una buena madre con vosotros es porque yo no lo fui con ella. Y aunque me cueste reconocerlo todavía no lo he superado del todo, no puedo negar que ella era mi favorita y si ya es duro perder a un hijo, imagínate.
-Lo siento, no sabía…
-Tenías que preguntar, yo en tu lugar hubiese hecho lo mismo. Y tampoco me perdonaré haberla  separado de aquel hombre, el padre de tu amigo, ella nunca me lo perdonó y eso es lo que más me duele.
-Seguro que sí te perdonó y si no, yo te perdono por ella. Pero cuéntame algo más de ella, por favor.
-Tu madre era tan guapa como tú y tenía un carácter tan parecido al tuyo… Cuando era pequeña decía que quería convertirse en la mejor médica de la historia y que no se iba a enamorar, que los chicos eran unos burros y que eran muy feos. Imagínate a una niña de unos ocho años diciendo eso. Diana no era una niña que soñase con encontrar a su príncipe azul y vivir como una princesita en su castillo, no. Le encantaba ser el centro de atención, eso sí. Fue creciendo y convirtiéndose en una joven preciosa y, claro, la idea de enamorarse ya no le parecía tan mala. Y cuando encontró a su príncipe azul desterró completamente la idea de vivir sola. Era tan feliz con él pero… su padre no lo quería y los padres de él tampoco así que nos aliamos y los separamos. En ese momento tu madre cambió su carácter, que se volvió más agrio, no nos dirigió la palabra durante años y se casó con ese hombre que os hizo tan infelices. El resto ya lo conoces.

 

sábado, 8 de junio de 2013

Un día especial


Más de dos meses después de aquel beso todavía no lo ha olvidado. Pero las cosas han cambiado tanto desde entonces… Bruno sigue siendo sólo su amigo, sí, pero ahora salen en grupo con Lía y Sergio. Su hermano ha aprovechado las continuas salidas de Azahara para revolucionarse. Irina y Leo han cortado y ella ha vuelto a casa de sus padres. Ainara es, sin duda, otra persona distinta: apenas aparece por clase, no ha vuelto a quedar con su ex-mejor amiga, se ha teñido el pelo de rojo, no se baja de esos andamios que lleva por tacones y se ha  vuelto más antipática que nunca; y todo eso sólo por ese estúpido novio suyo.

En un día tan importante como hoy no puede evitar acordarse de Ainara, esa inquieta chiquilla ha estado siempre a su lado pero algo le dice que hoy será distinto. Estará demasiado ocupada para acordarse de ella.

Todavía no ha sonado el despertador pero aun así se levanta y se pone a preparar el desayuno. Al entrar en la cocina se da cuenta de que su móvil está encima del microondas. Tiene tres mensajes de sus primas. Uno de ellos es de Irina: “Felicidades primota, jajaja. Te me haces mayor, pequeñina. Luego voy a verte, ¿vale?” Azahara contesta a los tres mensajes y empieza a cortar pan para hacer tostadas.

-Buenos días.
-¿Ya te has levantado? ¿Hoy no te quedas “un ratito más”?
-No tengo sueño. ¿Qué día es hoy? ¿No será 1 de abril?
-Sí, eso parece.
-¡Felicidades, Azi!- Dani se lanza a los brazos de su hermana.
-Gracias, peque.
-Déjame tirarte de las orejas, porfi.
-Vale, pero flojito.
-Azi, te están llamando.
-¿Quién es tan madrugador?
-¡Felicidades! ¿Qué tal te has despertado, princesa?
-Bien y veo que tú también.
-¿Cuándo no me despierto yo bien? Dieciocho ya ¿no?
-Sí.
-¡Ya te pueden meter a la cárcel! Aunque como tú eres una niñita buena…
-¡Eh!
-¿Qué? ¿No es verdad?
-No.
-Ya…Bueno yo sólo quería felicitarte, maja. Pásalo bien, ¿sí?
-Claro, gracias, Bruno.
-Adiós, preciosa.

¿Cómo lo ha sabido? No recuerda habérselo dicho en ningún momento. Aunque, ¿qué no sabe Bruno? Ese chico siempre la sorprende. La llamada de Bruno le acaba de alegrar el día.

Ahora es el móvil de Dani el que recibe una llamada. Lo tiene en silencio así que su hermana no se entera.

-Hola, Dani.
-Hola. ¿Quién eres?
-Ah, lo siento, se me olvidaba que tú no tienes mi número, soy Bruno.
-¿Desde cuándo tienes mi teléfono?
-Tu hermana me lo dio.
-¿En serio?
-No, le cogí el móvil y lo miré, pero eso es lo de menos. Quiero prepararle una fiesta sorpresa a tu hermana.
-¿Qué? ¿Una fiesta? ¿Para Azi?
-Sí, le encantará. Pero necesito tu ayuda. Tiene que ser en tu casa para que no sospeche y necesitamos que alguien la saque de ahí un rato.
-¿Quién?
-No sé, alguna prima o tía, no sé.
-Irina…sí seguro que quiere ayudarnos.
-Perfecto. Oye, llama a alguien más de tu familia, le gustará verlos.
- Vale.
-Genial. Entonces voy a tu casa sobre las cuatro o así. Azi tiene que haberse ido, si no llámame, ¿sí? Y la fiesta empezará sobre las seis.
-Sí.
-Gracias por ayudarme Dani, eres el mejor. Nos vemos esta tarde. Hasta luego.

Dani reflexiona sobre la idea de Bruno. A él nunca se le había ocurrido nada igual, cierto es que a Azi no le gustan demasiado las sorpresas pero esta vez será diferente porque es cosa de su amigo. Su hermana ha cambiado mucho desde que lo conoce: ahora se la ve más feliz, incluso se ha vuelto algo más tolerante con él.


Irina juega con el móvil en la cama. Hoy no tiene que ir a clase pero le ha despertado el mensaje de su prima y no ha conseguido volver a dormirse. De repente se para el juego y aparece un cartelito “Dani llamando”. ¿Qué querrá?
-Primito, ¿qué tal?
-Bien, pero necesito un favor.
-Claro, dime.
-Tienes que entretener a Azi mientras preparamos su fiesta sorpresa.
-Por supuesto, pero ¿una fiesta? ¿Ha sido idea tuya?
-No, de Bruno.
-¿Bruno? ¿Quién es…? Ah, sí, ya se quién es. Entonces, ¿cuánto tengo que entretenerla?
-Desde las cuatro hasta las seis.
-Dani, date prisa o vas a llegar tarde a clase- se oye gritar a Azahara.
-Vete, no vaya a ser que empiece a sospechar. Adiós.


-¡Bruno, joder, que estoy en pleno rodaje! ¿Qué cojones quieres?
-No te pongas así, yo sólo quería invitarte a una fiesta.
-Lo siento, no puedo, estoy muy liado.
-Es el cumple de Azi.
-¿Hoy?
-Sí, por eso le hemos preparado una fiesta sorpresa y quería que tú y Lía vinieseis.
-Vale, pero sólo porque Lía  no me lo perdonaría.
-¿Qué es eso que no te perdonaría yo?
-No ir al cumple de Azi, es hoy.
-Por supuesto que no, dile que allí estaremos.
-¿Bruno? ¿A qué hora?
-Empezar empieza a las seis pero yo voy a las cuatro a prepararlo.

Lía le quita el móvil a su chico.
-Nosotros también vamos a prepararlo porque no me fío de ti preparando algo así.
-¿A las cuatro?
-Sí. Otra cosa: ¿puedo llevar a mi prima? Quería presentársela a Azi pero no he encontrado el momento.
-Claro, cuantos más mejor.
-¿Y el regalo? ¿Le has comprado algo o le compramos uno conjunto?
-Pues no he pensado nada.
-No pienses, yo me encargo. Nos vemos a las cuatro.
-¿Me devuelves mi móvil?
-Claro, cielo. Ah, me ha dicho el boss que como no vayas ya te quedas out.
-¿Y me lo dices ahora?-Sergio se marcha en dirección al plató.
-Cariño, yo me voy, ¿vale? Nos vemos luego.
-Sí, sí.

Lía sale del almacén que hace las veces de plató y saca las llaves del coche del bolso. Abre la puerta del biplaza y deja el bolso en el asiento del copiloto. Tiene muchas cosas en las que pensar empezando por el regalo de su amiga y acabando por lo que se va a poner para la fiesta. Tal vez el regalo sea lo más complicado, hace dos meses que la conoce y aunque hayan pasado bastante tiempo juntas, es difícil saber cómo acertar. Saca el móvil dispuesta a anotar las ideas que se le vayan ocurriendo pero la pantalla permanece en blanco durante varios minutos hasta que renuncia y acelera.
-¡Lía! No te esperaba hoy por aquí.
-Ya, pero te necesito. Es el cumple de Azi, nos han invitado a la fiesta y tengo que encontrar un buen regalo.
-¿A mí también?
-Sí, se lo he preguntado a Bruno y está de acuerdo.
-¿Y Sergio? ¿También va?
-Claro. Pero céntrate Valen, ¿qué puedo regalarle?
-No sé, no la conozco. ¿Un mp5? ¿Una Tablet? ¿Un libro? ¿Una caja de bombones?
-Me acabas de dar una idea.
-¿Yo?
-Sí, ven, nos vamos

sábado, 1 de junio de 2013

Pensamientos...


A mediodía, Azahara vuelve a casa, su alegría se refleja también en el tiempo: el sol brilla en un cielo azul. Tal vez deba plantearse salir de casa más a menudo, con Ainara sólo salía algún que otro viernes o para alguna fiesta. Y la verdad es que le gusta la idea de salir por ahí con Bruno, Sergio y Lía. Cuando llega a casa se da cuenta de que hay algo de lo que no se ha acordado y que es demasiado importante como para dejarlo correr: esa maldita frase en la carta de su madre. Las matemáticas no fallan y si eso es verdad ella sería… No, no quiere ni pensarlo. No puede ser verdad. Mira en el reverso de la foto de la boda de sus padres y sí, es esa fecha, ¿cómo iba a olvidarla? Coge papel y un boli y escribe la operación. Igual. Las matemáticas no se equivocan. Pero, alguien tiene que poder ayudarla, alguien tiene que saber la verdad. ¡Su abuela! Sí, solo ella puede saber  si es verdad o se está volviendo loca. Tiene el móvil en la mano. Mira la hora. Las dos menos veinte. Vuelve a mirar el teléfono. Busca en la agenda y no tarda en encontrarlo. Y llama.

-Hola, cariño. ¿Qué tal estás?
-Bien, abu. ¿Y tú?
-Con la cadera, hija, como siempre. Pero ¿qué querías?
-Hablar contigo, ¿puedo ir esta tarde a verte?
-Claro, ya lo sabes. ¿De qué quieres hablar?
-Te lo cuento esta tarde. Adiós, abu.
-Hasta luego, cariño.
Cuando llega a casa de su abuela el cielo está de nuevo cubierto.
-Mi niña preciosa.
-Hola, abuela.
-Te veo más guapa hoy.
-Cosas tuyas.
-Invenciones de una vieja chalada, ¿no? Bueno, ¿qué querías contarme?

No se atreve a contárselo. No se atreve a preguntar. Le habla de Dani, de que está preocupada por sus estudios y cosas así. No es mentira pero tampoco es lo que le ha traído aquí.
-Ay, niña, te preocupas demasiado, seguro que es una mala racha, ya pasará.
-Sí, ya pasará…
-¿Sólo era eso?
-Sí.

Entonces suena su móvil. Es Bruno. Se levanta y lo coge.
-Buenas tardes, señorita.
-¿Buenas?
-Ahora son mejores. ¿Sabes? He estado hablando con Sergio y hemos decidido ir esta noche a una fiesta de un amigo suyo. ¿Te apuntas?
-¿Esta noche?
-Sí. Di que sí, porfa.
-Pero no tengo qué ponerme.
-No te preocupes por eso, Lía se encarga. Pero vente, que sin ti no es lo mismo.
-Vale.
-¡Bien! Entonces te paso a buscar en una hora y vamos a casa de Lía a prepararnos.
-De acuerdo.
-Adiós, Azi.

La chica guarda el móvil, coge el abrigo del perchero de la entrada y se acerca a la mesa donde sigue su abuela.

-¿Ya te vas?
-Sí, tengo planes.
-¿Ainara?
-No.
-Pásalo bien de todos modos.
-Gracias- abraza a la mujer y le da un beso en la mejilla.
-Te quiero, cariño.
-Yo también, abu.

La joven se va dejando a su abuela algo intranquila, la conoce demasiado bien como para creerse lo que le ha contado. ¿Una fiesta? ¿Cómo se le ha ocurrido eso a Bruno? No es que tenga el cuerpo para fiestas pero no podía decirle que no a Bruno. Además, no puede ser tan malo, ¿no?

viernes, 24 de mayo de 2013

¿Celos?


Se escucha la melodía de un móvil. Es el de Lía. La chica aparece, coge el teléfono y vuelve a desaparecer por el pasillo.

-¡Lía! ¿Cómo estás?
-Muy bien.
-¿Sabes qué? ¡He aprobado! ¡Estoy dentro!
-¡Enhorabuena! Te dije que lo ibas a conseguir, no iban a perderse a la mejor bailarina del mundo.
-Exagerada. ¿Y tú qué tal con tu chico?
-Bien, por ahora.
-¿De qué hablas?
-Te dije que Bruno nos iba a presentar a una amiga suya ¿no? Pues resulta que es muy guapa y…
-Y tienes miedo de que te lo quite.
-No, no creo que ella me lo quite, es muy maja y no me haría eso. Es él el que me preocupa.
-¿Por?
-Porque he visto como la miraba esta mañana y…no era como se mira a una casi desconocida ni a una amiga.
-Él te quiere.
-Sí, pero ya sabes cómo es.
-Tonterías. Son todo paranoias tuyas, Lía.
-No, Valen, esta vez no. Lo sé, sé que le gusta esa chica.
-¿Tu sexto sentido?
-Of course.
-Tú cuídale.
-No va a valer con eso.
-¿Y qué pretendes?
-Buscarle novio.
-¿A quién?
-A la chica, ¿a quién va a ser?
-¿Y con quién vas a juntarla?
-Con Bruno, se le nota a leguas que le gusta.
-¿A Bruno? Esa sí que es buena. ¿Vas a ayudar a Bruno?
-¿Por  qué no iba a hacerlo?
-¿Porque no te cae bien?
-Igual ahora me cae mejor.
-¿Qué te han dado en esa casa para desayunar?
-Todavía no he desayunado. Y me da igual lo que digas, voy a ayudar a Bruno. Es lo único que puedo hacer para salvar mi relación.
-Tiene que haber otra solución.
-Pues cuando la encuentres me avisas, mientras tanto yo voy a seguir con mi plan.
-Estás loca, prima.
-Puede, pero le quiero y no pienso perderlo.
-Como quieras. Te dejo que tengo cosas que hacer. Cuídate.
-Bye, Valen.

La chica vuelve a la cocina con Azahara.
-¿Quién era?
-Mi prima, bueno la hija del marido de mi tía. La han cogido en una academia de baile. Un día de estos tengo que presentártela, estoy segura de que os llevaréis muy bien.
-¿Qué, chicas? ¿Acabáis?
-Bruno, cállate o te quedas sin desayuno.
-Esa es mi chica- responde Sergio.
-Estos chicos de hoy en día son muy señoritos, Azi.
-A mí me lo vas a contar, tengo un hermano pequeño así que imagínate.
-Siempre he querido tener un hermano…
-Anda, vamos a llevarles el desayuno.

domingo, 19 de mayo de 2013

Fiesta de pijamas


Azahara llega a casa congelada. Dani al verla le ofrece una taza de café caliente. Ella la acepta y se sienta junto a él en el sofá.

 
-¿Qué quería Bruno?
-Nada.
-¿Nada? ¿Te ha hecho ir para nada?
-Sí, sólo quería contarme una cosa.
-¿Qué?
-Ay, Dani, no seas cotilla.
-Porfi, porfi, cuéntamelo.
-No.

Suena el móvil de Azahara.

-¿Otra vez Bruno?
-No, es Ainara.
-Hola, Azi, ¿qué tal?
-Bien, pero…
-Oye, ¿puedes hacerme un favor? ¿Le puedes decir a mis padres que mañana hacemos un trabajo en tu casa?
-¿Por qué?
-Porque voy a quedar con mi novio y a mis padres no les hace mucha gracia que salga con él. Lo harás, ¿verdad? Gracias, no sé qué haría yo sin ti. Adiós, Azi, te quiero.
-¿Ainara? ¿Me ha colgado?
-¿Qué pasa?
-Ainara que tiene mucho morro pero no pienso seguirle la corriente, esta vez no, ya estoy harta.
-¿Y qué vas a hacer?
-Nada, pero si sus padres me llaman no pienso mentir.

Al final no tiene que hacerlo, no recibe llamada alguna, sólo un mensaje de Bruno: “¿tienes algún plan para el viernes? Pues ahora ya lo tienes, he quedado con Sergio (el de la peli) y su chica. Por favor di que sí.”

 
-Azi,¡qué pronto has llegado! Todavía no tengo todo listo.
-Pero ¿qué estás preparando?
-Te dije que era una fiesta de pijamas, ¿no? Pues habrá que preparar la cena digo yo.
-Creo que nos conformaríamos con unas pizzas.
-Yeso es lo que estoy haciendo. ¿Me ayudas?
-Claro- la chica le sigue hasta la cocina-. ¡Qué desastre! ¿Qué has hecho?
-Es que se me ha caído un paquete de harina y se ha roto.
-Anda, deja que te ayude a limpiar.

Diez minutos más tarde aparecen los amigos de Bruno. Sergio es un chico alto, guapo, con el pelo de un castaño claro y ojos oscuros. La chica que va de su mano, Lía, es más alta que Azahara pero menos que Bruno, y sus ojos azules contrastan con su corta melena castaña.

La noche avanza a una velocidad de vértigo. Los chicos se quedan dormidos a eso de las cuatro de la madrugada. Las chicas se van a la cocina para poder hablar sin despertarlos.

-Entonces, ¿os conocisteis en un concurso de dibujo?
-Sí, ganamos los dos.
-A mí nunca se me ha dado bien dibujar, bueno en realidad no hay nada que se me dé realmente bien.
-Algo habrá.
-Bueno, me gusta cocinar. Pero no es que sea una buena chef, Sergio dice que mi mejor plato son las patatas fritas.
-Tíos. ¿Cómo le conociste?
-Era el novio de mi mejor amiga. Ahora la he perdido pero ha merecido la pena, Sergio es lo mejor que me ha pasado. Es tan cariñoso, tan dulce, tan perfecto. ¿Tú tienes novio?
-No, no.
-Pues entonces no sabes lo genial que es. Bueno, creo que deberíamos dormir un poco.
-Sí.

Azahara se mete en su saco de dormir dándole vueltas a la conversación que acaba de tener con Lía. ¿Por qué todas dicen que es tan fantástico tener novio? ¿Será verdad? Y pensando en novios no puede evitar que él, que Bruno, aparezca en sus pensamientos. Y ese beso, ese beso que la hizo sentir como nunca. Y con esos dulces pensamientos se queda dormida.

Por la mañana, se despierta y ve cómo Sergio la observa fijamente.
-Buenos días-la saluda.
-Hola.
-¿Has dormido bien?
-Sí, ¿tú?
-Yo he soñado con un angelito.

Azahara empieza a sentirse incómoda por el rumbo que está tomando la conversación. Entonces, Lía se despierta, se sienta junto a su novio y le da un beso en los labios al cual él responde torpemente.
-Buenos días, Rosalía.
-¡Que no me llames así!
-¿Rosalía?-pregunta Azahara.
-Sí, me llamo así, pero no me gusta, prefiero Lía.
-Sí, es más bonito.
-Pues convence a este tontolaba que parece que no se entera.
-Anda tortolitos, dejad de discutir y preparad el desayuno- dice Bruno.
-Mira el señorito, ¿y si no quiero?-contesta su amigo.
-Ya vamos nosotras- interviene Lía.

Una vez que las chicas están en la cocina, Sergio y Bruno se sientan en el sofá
-¿En  serio no es tu novia?
-Que no, pesao.
-Es que es tan guapa…
-Oye, que tú tienes novia.
-De momento.
-¿Cómo que de momento? ¿Vas a dejar a Lía por Azi?
-¿Por qué no?
-Porque no merece la pena, Azi no quiere tener novio, además no eres su tipo.
-¿Y tú cómo lo sabes? ¿Te lo ha dicho?
-Sí.

lunes, 6 de mayo de 2013

Diana


-Es su madre- contesta señalando a la muchacha de la foto.
-¡¿Qué?! ¿Y por qué la pintaste? ¿De qué la conoces?
-Te lo contaré cuando venga.

Diez minutos después, Azahara, entra por la puerta. No le ha dado tiempo a arreglarse mucho, sólo se ha vestido y se ha peinado un poco.

-Gracias por venir con tanta premura.-la saluda el padre de Bruno. A la chica le sorprende ver que apenas se parece a su hijo.
-Bruno ha dicho que quería usted verme.
-Sí, pero no me trates de usted, ¿de acuerdo?
-Vale. ¿Para qué me habéis hecho venir?
-¿No te lo ha contado mi hijo?
-Apenas.
-No he tenido tiempo- se defiende el joven.
-Siéntate. Azahara, ¿no?- le pregunta el padre, ella asiente-. Le encantaba ese nombre.
-¿De quién estás hablando?
-De Diana, tu madre.
-¿Cómo sabes quién era mi madre? Si esto es una broma, es de muy mal gusto- la joven se levanta dispuesta a irse.
-No es ninguna broma.
-Azi, por favor, siéntate y escucha lo que mi padre tiene que decirte.
-Vale, pero como…
-Tranquila, no le faltaré en ningún momento a la memoria de tu madre. Entiendo que creas que no puede ser verdad pero sólo te pido que me escuches y juzgues por ti misma.
-De acuerdo. Te escucho.
-Conocí a tu madre hace mucho, apenas éramos unos niños, mi hermana y tu madre eran amigas desde siempre pero yo apenas la conocía. Hasta que un día, cuando ya teníamos unos quince años o así vino a casa a dormir. Mi hermana la había invitado pero yo pasé la mayor parte del tiempo con ellas. Después de ese día las visitas de Diana eran cada vez más frecuentes y acabé enamorándome de ella y ella de mí.

Bruno escucha la historia tan atento como su amiga. Su padre nunca le había hablado de sus amores de juventud.

-¿Y qué pasó?- pregunta.
-Empezamos a salir juntos. Nosotros éramos muy felices pero nuestras familias no veían con buenos ojos nuestra relación. Sus padres decían que yo era poco para ella, un hijo de panadero con una hija de banquero, nunca lo aceptarían. A mis padres tampoco les gustaba.
-Pero, has dicho que tu hermana y Diana eran amigas, ¿por qué no les iba a gustar para ti?
-Porque una cosa es amistad y otra amor, ellos decían que era una niñata pija y malcriada y que yo sólo era un juguete, que nunca lograría hacerla feliz.
-Pero no les hicisteis caso-interviene Azahara.
-No, nosotros seguimos con nuestro amor. Estuvimos juntos cinco años pero ni un milenio habría conseguido que nuestros padres lo diesen por bueno. Y consiguieron separarnos. Ella acabó casándose, por despecho con un hombre que la rondaba desde hacía tiempo y yo, al enterarme, le pedí matrimonio a mi vecina que, aunque yo no la quería, sabía que yo a ella le gustaba mucho y que aceptaría sin pensárselo ser mi esposa. Después de eso no volvimos a saber nada el uno del otro.
-Pero viviendo en la misma ciudad, en el mismo barrio, ¿nunca os encontrastéis?
-Por supuesto que sí, pero girábamos la cabeza y hacíamos como si no nos hubiésemos visto.
-Pero, ¿tú la seguías queriendo?- le pregunta Bruno.
-Sí, hijo nunca dejé de amarla y ella tampoco fue capaz de olvidarme a mí.
-Acabas de decir que no volvisteis a hablar, ¿cómo sabes que mi madre no consiguió pasar página?
-Me dieron una carta suya cuando murió.
-¿Quién?
-No lo sé. No la conocía y tampoco se molestó en presentarse.
-¿Y qué ponía en esa carta?-inquiere Bruno cada vez más interesado en la historia.
-Que nunca había dejado de quererme.
-¿Sólo eso?
-No, también me contaba otras cosas y…
-¿Y?
-Y que no podía más, que no podía seguir con su vida, que lo sentía mucho por sus hijos pero ya no tenía fuerzas para seguir adelante.
-Pero, ¿no explicaba por qué?- una lágrima resbala por la mejilla de la muchacha.
-Sí, estaba enferma, no sé qué era pero no le dejaba ser feliz así que decidió que su fin había llegado. Lo siento.
-¿Conservas esa carta?
-Es mi mayor tesoro.
-¿Podría verla?
-Claro, esperadme aquí.

El hombre se levanta y va en busca de la carta. Bruno toma asiento junto a la chica y la rodea con los brazos.
-Azi, ¿estás bien?
-Sí, perfectamente-dice pasándose la manga por las mejillas para secarse las lágrimas.
-Sé que es duro para ti.
-He pasado por cosas peores, créeme. Pero…es que mi madre lo era todo para mí y nadie me ha contado casi nada de su vida, es como si fuera casi una desconocida.
-¿Y tus recuerdos?
-Casi no tengo. ¡Tenía seis años, Bruno!

El padre del chico vuelve con un sobre rosa entre las manos.
-Ten, léela si quieres.

Azahara coge la carta, abre el sobre y saca los tres folios que hay en su interior. Es la letra de su madre, le recuerda bien porque conserva algún regalo con dedicatorias suyas. Lee bajo la atenta mirada de padre e hijo. Las lágrimas no dejan de brotar de sus ojos pero ella no trata de impedirlo como habría hecho en cualquier otra situación. Es tanto lo que esa carta le descubre, tanto lo que nadie ha querido contarle. Lo único que no le sorprende ni un ápice es que su madre no fuese feliz al lado de su marido, a veces Azahara deseaba haberse ido con ella como demuestran las marcas en sus muñecas. Acaba la lectura pero vuelve al principio de la página, a algo a lo que no había prestado demasiada atención pero que ahora se le antoja un problema y de los gordos. Unas palabras que se escriben en el fondo de su memoria.

-Azi, ¿estás bien? Estás muy pálida. ¿Quieres un vaso de agua?
-Tráeselo, hijo.

Azahara deja los folios sobre la mesa. El padre de Bruno la mira con ternura. El muchacho vuelve con el agua y ella se lo bebe a traguitos pequeños.

-Creo que será mejor que me vaya, tengo trabajo atrasado.
-Puedes llevarte la carta, ya he leído todo lo que necesitaba. Gracias.
-No hay por qué darlas.
-Eres la única persona que me ha hablado de ella y eso para mí significa mucho.
-¡Te pareces tanto a ella!

El hombre se va llevándose la carta consigo.

-No voy a marearme ni nada de eso. No me mires así, Bruno.
-Lo siento, es que yo no sé qué haría en tu situación. Probablemente me hubiese vuelto loco hace tiempo.
-No, hubieras seguido adelante, como todos.

Bruno clava su mirada en la de ella, en esos ojos vidriosos que transmiten tanta fuerza. El mundo se para a su alrededor, incluso deja de escucharse el tic-tac del reloj del salón, y están sólo ellos dos. Sus caras se van acercando pero tan lentamente que es casi inapreciable. Y justo cuando están a unos cinco centímetros, Azahara se aparta y se levanta.

-Tengo que volver a casa, mi hermano me espera.
-Cla…claro, ya hablaremos.
-Adiós, Bruno.

La puerta se cierra suavemente. Bruno se tira al sofá y entierra la cabeza en uno de los cojines.


-¿Cómo puedo ser tan idiota? He estado a punto de cagarla.

martes, 30 de abril de 2013

El cuadro


A las diez y media de la mañana, la chica se despierta y le cuesta un par de minutos darse cuenta de que está en el sofá y que el brazo que la rodea es el de Bruno. Mira el reloj que hay sobre la mesita y cae en la cuenta de que si Dani no se ha despertado todavía debe de estar a punto de hacerlo. Retira con cuidado el brazo de Bruno y se levanta. A pesar de sus intentos por no despertarle, el chico abre los ojos.

-Buenos días, preciosa.
-Buenos días. ¿También hoy te has despertado adulador?
-Sí, me pasa muchos días, vete haciéndote a la idea.
-¿Tú no deberías estar en tu casa?
-Sí, pero me quedé dormido.
-Te va a caer una cuando llegues…
-¡Qué va! Si no hay nadie. Hugo iba a ir no sé dónde.
-Entonces, ¿te quedas a desayunar?
-Claro.

Dani aparece por la puerta del salón.
-¿Bruno? ¿Qué haces aquí?
-Me quedé dormido. ¿Te molesta que me haya quedado?
-No, me encanta.

 

 

-¿De dónde vienes?
-De casa de Azahara. He estado con ella y con su hermano. Además, ¿a ti qué más te da?
-Me da lo mismo, pero ha llamado papá y ha dicho que vienen a comer.
-¿Pero no iban a estar fuera todo el finde?
-Pues ya ves que no.

Bruno va a darse una ducha y a cambiarse de ropa. Al salir de su cuarto sus padres están allí. Después de comer consigue quedarse a solas con su padre.

-Hijo, ¿qué te pasa? Anda, cuéntamelo.
-Prométeme que no te vas a enfadar.
-¿Qué has hecho, Bruno?
-Entré en el cuarto del desván.
-¡Bruno!
-Lo siento, pero apareció Hugo y fue el primer sitio donde pensé en esconderme. Y allí vi un cuadro y…¡Yo conozco a la chica de ese cuadro!
-Eso es imposible.
-No, he estado esta mañana con ella.
-No es ella. Ven, acompáñame.

Juntos suben al desván y entran en el cuartito.
-¿Cuál es el cuadro que viste?
-El primero.
-Este lo pinté hace más de veinte años. No puedes conocer a Diana.
-No, no se llama Diana, es Azahara.

El corazón del padre de Bruno se acelera y su respiración se vuelve trabajosa. Su mirada está ausente como recordando viejos tiempos.

-¡Papá! Papá, ¿estás bien?

Asiente.
-Quiero conocerla.
-¿A Azahara?
-Sí.
-Ahora mismo la llamo pero, ¿para qué?
-Es una larga historia y ella también debería conocerla.
-Vale. Vamos abajo, tengo el móvil en el salón.

El móvil está en el salón, sí, en la mesa y justo a su lado está la cámara.

-Mira, papá, tengo una foto suya. No se la ve muy bien pero bueno. Toma, mírala mientras hablo con ella.

Bruno le pasa la cámara a su padre y se va a su habitación.

-Hola, hace nada que te has ido, ¿ya me echas de menos?
-Sí, pero no te llamo por eso.
-¿Entonces?
-Es mi padre, quiere verte.
-¿Por qué? ¿Se ha enterado de que fui a ver sus cuadros?
-Yo se lo he contado.
-¡Bruno! ¿Por qué?
-Es una historia muy larga.
-Pues resúmela.
-Vale, cuando tiraste el taburete en el cuarto, se cayó una sábana que cubría un cuadro y en él vi a una chica que juraría que eras tú.
-¿Qué? Te has vuelto loco.
-No. Te prometo que no miento. Ven, por favor, mi padre quiere verte y hablar contigo.
-Como me estés mintiendo…
-No lo hago.
-Estoy ahí en cuanto pueda.
-Gracias, eres la mejor.

Bruno vuelve al salón y le comunica a su padre que su amiga vendrá en un rato. No recibe ninguna respuesta. Su padre está hipnotizado con la imagen de Azahara. Se sienta a su lado.

-Papá, ¿quién es Diana?

domingo, 21 de abril de 2013

Viernes


Viernes. Azahara vuelve del instituto pensando ya en la peli de esta tarde. Al final será sólo para Bruno, Dani y ella. Ainara ha preferido quedar con su nuevo novio y Leo e Irina han decidido dejar pasar algo de tiempo antes de volver a su antiguo hogar. Pero no es por eso por lo que la muchacha está tan agitada sino por Bruno. Su último encuentro fue bastante frío y algo más distante de lo habitual. El martes fue a buscar su móvil a casa del chico que ya lo había encontrado en el desván. Se saludaron, cruzaron un par de frases y la chica se fue por donde había venido, eso sí, después de que Bruno le hubiese confirmado que lo del cine seguía en pie.

Entra en casa y se sorprende al encontrar allí a Dani, normalmente es ella la primera en llegar.
-Qué pronto has venido hoy, ¿no?
-Son las tres menos cinco, Azi, eres tú la que llega tarde.
-¡¿Ya son las tres?!
-Sí, ¿qué pasa?
-Que he quedado con Bruno para ver una peli aquí y todavía no he decidido cuál.
-¿Para un chico? Cualquiera menos una romanticona.
-¿Y qué propones?
-Una de terror, a los chicos nos flipan..
-Vale, ¿la escoges tú?
-Claro.

Dani se pone a rebuscar entre los DVD del salón mientras Azahara se va a su habitación a ponerse algo más cómodo, no soporta estar con el uniforme más de lo estrictamente necesario. Ella no es una chica de falditas de cuadros y camisitas blancas. Dani le grita desde el salón que ha encontrado una perfecta y su  móvil se pone a vibrar en el bolsillo del pantalón. Lo coge. Es un mensaje de Bruno: “voy a llegar un poquillo tarde, a eso de las siete. No te importa, ¿no?”. “No, tranquilo, te esperamos.” “Gracias, eres un cielo”.

Puntual como siempre, Bruno llama a la puerta a las siete en punto. Azahara abre y le hace pasar. Los chicos disfrutan de la película, Azahara no tanto. Las películas de terror no son sus preferidas, a ella le gustan las fantásticas, las de aventuras y, sobre todo, las de amor, a pesar de que las protagonistas de estas últimas sean tontas y pijas. Al acabar la peli, Dani está cansado y decide abandonar el salón e irse a la cama.

-Ha estado bien, la peli.
Azahara se encoge de hombros.
-¿No te ha gustado?
-No es mi preferida.
-¿La has puesto por mí?
-Por ti y por Dani. A vosotros os ha encantado.
-A mí no me habría importado ver otra. Es más, he traido una que estoy seguro de que te va a encantar. Podemos verla ahora si quieres.
-¿Es de tu hermano?
-Sí, la hizo el año pasado. El protagonista es amigo mío si eso un día podemos quedar con él y con su chica.
-Sí, ¿por qué no? Vete poniendo la peli que voy a hacer más palomitas.

Es una peli romántica pero la protagonista no es una niña tonta consentida. Es una película bastante corta comparada con la anterior que duraba dos horas. Cuando Azahara enciende la luz todavía quedan palomitas en el bol. Bruno lo sostiene y lo mira con picardía. Ella vuelve al sofá y al sentarse le cae una lluvia de palomitas por encima.

-¡Bruno!
-Shhh, que vas a despertar a Dani.
-Te voy a matar- dice bajando la voz.

El chico echa a correr por el pasillo y se encierra en el baño.
-Ya verás cuando salgas.
-No, no. Tregua- pide mientras sale con las manos en alto.
-Vale, pero que conste que te perdono sólo por haber traído la peli.
-Pues tengo más, podemos pasarnos toda la noche viendo pelis.
-Me parece bien.

Media película después Azahara se queda dormida.

-¡Qué guapa está cuando duerme!

Bruno coge una manta que hay sobre la butaca y se la pone por encima. Se tumba junto a ella y apaga la televisión. Le da un beso en la mejilla y cierra los ojos.

miércoles, 27 de marzo de 2013

(un mal día)O no tanto


-¿Eres tú el hada de las nieves de la que dicen que goza de gran hermosura y un enorme corazón?
-¡Bruno! No te había visto. ¿Te has despertado poético hoy?
-Un poco. ¿No tienes frío?
-No.
-¿Qué haces aquí sola? Te hacía en tu casa con tu familia.
-Pues ya ves que no, tenía que salir a respirar un poco.
-Te entiendo yo a veces también siento que necesito escapar. Joder, ¡qué frío! Anda, vamos a mi casa, allí se está bien.
-Vale.

Cuando entran en el apartamento del chico Azahara se da cuenta de lo helada que está.
-¿A que se está mucho mejor aquí dentro?
-Sí. ¿Tu hermano no está en casa?
-No, estará trabajando en alguna de sus películas o por ahí de fiesta.
-Más bien lo primero, ¿no? Hugo parece muy responsable.
-Sí, pero cambiando de tema, ¿te apetece comer algo?
-No te molestes.
-No es molestia, ¿quieres un bocata o algo?
-No hace falta, en serio, estoy bien.
-Un bocadillo de jamón entonces.

Azahara no puede evitar que una sonrisa ilumine su semblante. Bruno hace que todas sus preocupaciones se evaporen con sólo una sonrisa.
-No he encontrado jamón así que te he traído unas galletas de chocolate. No te importa, ¿verdad?
-No, me encanta el chocolate.
-A mí también-bruno coge un par de galletas y le entrega una a Azahara.- enciende la tele si quieres.
-Me da igual, ahora no hay nada interesante.
-¿Y entonces qué hacemos?

La joven se encoge de hombros.
-¡Tengo una idea! Te enseñaré unos cuadros de mi padre.
-Pero, tu hermano no quería que fuésemos a verlos.
-¿Le ves por algún sitio? Yo no.
-Pero no deberíamos desobedecerle.
-Venga Azi, no seas una niña buena, es mucho más entretenido saltarte las normas, te lo digo por experiencia. Además, ¿no te apetece verlos?
-Sí, pero…
-Pues ya está. Ven, coge el abrigo que ahí arriba hace fresquito.
El desván no es tan amplio como el resto de la casa pero hay quien vive en menos metros cuadrados.
-No hay luz así que hay que usar linternas. Solo tengo una, no te separes de mí.
-De acuerdo.

Bruno guía a  su amiga a través de viejos muebles y juguetes esparcidos por el suelo. Llegan a la pared más alejada de la puerta. Algo de luz se cuela por una ventana se apenas un palmo de ancho y otro de alto y que tiene el cristal tan sucio que a primera vista pasaría, si no por opaco, por lo menos por traslúcido. En la esquina, bajo la ventanita, una sábana cubre unos lienzos. El joven aparta la tela con cuidado. La mayoría de los cuadros muestran paisajes que hacen viajar al que  los mira a los lugares remotos que retratan. Otros dejan ver a personas, unas felices, otras no tanto, una incluso llora, pero todas ellas parecen tan reales como si estuviese ahí mismo.

-Son increíbles.
-Te lo dije. Y esto no es lo mejor. Sus mejores obras las guarda en ese cuarto de ahí- señala una puerta negra de metro y medio y que parece no haber sido abierta en mucho tiempo-. Esos no los he visto ni yo. Desde pequeño me lo prohibió y creo que esa es la única regla que he cumplido en mi vida.
-¿Qué es eso?
-¿El qué?
-Ese ruido, ¿no lo has oído? Parecen pasos acercándose.
-¡Mierda! Tiene que ser Hugo. Tenemos que escondernos, como nos pille nos va a caer una buena.
-¿Dónde?
-Al cuarto, rápido.
-Pero…
-Azi, entra.

Bruno la empuja al interior y apaga la linterna. Segundos después se oye una llave en la cerradura y pasos. Más pasos. Una bicicleta. Más pasos. Un portazo. Otra vez la llave. Bruno suspira. Azahara también, y sólo cuando ya no se oye ni un solo paso lejano seda cuenta de que está cerca, muy cerca de su amigo. No lo ve pero escucha su corazón latiendo junto a su oreja. Entonces él enciende la linterna. Como había intuido sól unos centímetros los separan. Busca sus ojos y sus miradas se encuentran. Y en ese momento sus labios se rozan brevemente casi sin darse cuenta. Los labios de él saben a chocolate y son carnosos. Los de ella son finos y suaves y también tiene ese saborcillo dulce. Se separan casi de inmediato y, al hacerlo, Azahara tira un taburete que se cae estrepitosamente.

-Lo siento.
-No, no pasa nada, ahora lo recojo.
-Será mejor que me vaya, se hace tarde.

La joven sale del cuarto. Él recoge el asiento y descubre que, al caer, ha tirado una tela que cubría unos cuadros. El primero de ellos muestra a una joven tumbada en un antiguo sofá. Bruno juraría que la mujer del cuadro es Azahara. Tiene sus mismos ojos, sus mismos labios, su misma mirada… ¿Cómo puede tener su padre cuadros de una chica a la que él acababa de conocer? Coloca de nuevo la tela sobre el cuadro y cierra la puerta al salir. Su cara debe mostrar la impresión que le ha causado la visión del cuadro.
-¿Estás bien?
-Perfectamente. Vámonos.

Se despiden y la chica se va a su casa a ritmo rápido. Si alguien la hubiese visto habría creído que huía de algo o de alguien. Sólo cuando llega a la seguridad de su habitación se relaja. Lo ha besado, bueno, se han besado. ¿Por qué? Intenta convencerse a sí misma que ha sido por la tensión contenida tras la aparición de Hugo pero en el fondo ella sabe que quería que eso pasase, lo llevaba deseando desde que lo conoció. Pero ¿y él? ¿También quería que pasase o sólo había respondido a su beso? ¿Qué habrá sentido? Porque ella se siente llena de felicidad, es una sensación tan fantástica que no quiere que desaparezca nunca. Al final decide que lo mejor será hacer como si ese beso no hubiese existido, la amistad de Bruno vale mucho como para perderla por una tontería. Porque es eso lo que ha sido, una tontería, ¿no?

Llaman a la puerta de su cuarto. Es Irina.
-¿Dónde has estado? Te he llamado como cien veces- no se lo recrimina a pesar de las palabras.
-Lo siento, tenía el móvil en silencio- lo busca en el bolsillo de su abrigo. No está. Y el bolsillo estaba abierto. Se le ha tenido que caer en casa de Bruno.
-Da igual, sólo quería saber si  estabas bien.
-Estoy bien.
-Azi, he estado pensando y lo mejor será que nos vayamos.
-¿Qué dices? No, no. Si es por lo de hoy, perdóname, es que no he tenido un buen día.
-No es por eso, es por todo. Gracias por habernos acogido, en serio, pero es hora de que te dejemos vivir tu vida.
-No hace falta, os podéis quedar el tiempo que necesitéis.
-Ya te hemos molestado bastante, mañana nos largamos.
-No os vayáis.
-No vas a conseguir que cambie de opinión. Muchas gracias por todo, nunca podré olvidar lo que has hecho por nosotros.
-¿Y qué vais a hacer?
-Un amigo de Leo se ha comprado un piso y busca compañeros.
-¿Y dónde está? ¿Podré ir a verte?
- Podréis visitarme siempre que queráis, tú y Dani, ya lo sabes. Además nuestra casa no está lejos de aquí así que puedo venir a veros cuando quiera.
-Vale.
-Te tendré al tanto de todo siempre y cuando tú me cuentes todo lo que pase con ese novio tuyo.
-No es mi novio- pero no lo dice tan convencida como otras veces sino como quien dice la hora.
-Tiempo al tiempo, Azi.

 

Mientras, Bruno también se ha encerrado en su habitación para darle vueltas a lo del beso. Le gusta Azi, eso lo sabe de sobra, pero lo que siente por ella va más allá de una simple atracción y no piensa echarlo a perder por ir demasiado así que no piensa mencionar nada de ese beso a no ser que ella saque el tema.
Y lo del cuadro, esa es otra historia. Por más que lo ha pensado no acierta a concluir las razones por las que su padre  puede tener un cuadro de Azi. Si se lo pregunta le caerá una buena bronca por haber  entrado en el cuarto prohibido, pero su curiosidad hará que se arriesgue de todos modos.