miércoles, 27 de marzo de 2013

(un mal día)O no tanto


-¿Eres tú el hada de las nieves de la que dicen que goza de gran hermosura y un enorme corazón?
-¡Bruno! No te había visto. ¿Te has despertado poético hoy?
-Un poco. ¿No tienes frío?
-No.
-¿Qué haces aquí sola? Te hacía en tu casa con tu familia.
-Pues ya ves que no, tenía que salir a respirar un poco.
-Te entiendo yo a veces también siento que necesito escapar. Joder, ¡qué frío! Anda, vamos a mi casa, allí se está bien.
-Vale.

Cuando entran en el apartamento del chico Azahara se da cuenta de lo helada que está.
-¿A que se está mucho mejor aquí dentro?
-Sí. ¿Tu hermano no está en casa?
-No, estará trabajando en alguna de sus películas o por ahí de fiesta.
-Más bien lo primero, ¿no? Hugo parece muy responsable.
-Sí, pero cambiando de tema, ¿te apetece comer algo?
-No te molestes.
-No es molestia, ¿quieres un bocata o algo?
-No hace falta, en serio, estoy bien.
-Un bocadillo de jamón entonces.

Azahara no puede evitar que una sonrisa ilumine su semblante. Bruno hace que todas sus preocupaciones se evaporen con sólo una sonrisa.
-No he encontrado jamón así que te he traído unas galletas de chocolate. No te importa, ¿verdad?
-No, me encanta el chocolate.
-A mí también-bruno coge un par de galletas y le entrega una a Azahara.- enciende la tele si quieres.
-Me da igual, ahora no hay nada interesante.
-¿Y entonces qué hacemos?

La joven se encoge de hombros.
-¡Tengo una idea! Te enseñaré unos cuadros de mi padre.
-Pero, tu hermano no quería que fuésemos a verlos.
-¿Le ves por algún sitio? Yo no.
-Pero no deberíamos desobedecerle.
-Venga Azi, no seas una niña buena, es mucho más entretenido saltarte las normas, te lo digo por experiencia. Además, ¿no te apetece verlos?
-Sí, pero…
-Pues ya está. Ven, coge el abrigo que ahí arriba hace fresquito.
El desván no es tan amplio como el resto de la casa pero hay quien vive en menos metros cuadrados.
-No hay luz así que hay que usar linternas. Solo tengo una, no te separes de mí.
-De acuerdo.

Bruno guía a  su amiga a través de viejos muebles y juguetes esparcidos por el suelo. Llegan a la pared más alejada de la puerta. Algo de luz se cuela por una ventana se apenas un palmo de ancho y otro de alto y que tiene el cristal tan sucio que a primera vista pasaría, si no por opaco, por lo menos por traslúcido. En la esquina, bajo la ventanita, una sábana cubre unos lienzos. El joven aparta la tela con cuidado. La mayoría de los cuadros muestran paisajes que hacen viajar al que  los mira a los lugares remotos que retratan. Otros dejan ver a personas, unas felices, otras no tanto, una incluso llora, pero todas ellas parecen tan reales como si estuviese ahí mismo.

-Son increíbles.
-Te lo dije. Y esto no es lo mejor. Sus mejores obras las guarda en ese cuarto de ahí- señala una puerta negra de metro y medio y que parece no haber sido abierta en mucho tiempo-. Esos no los he visto ni yo. Desde pequeño me lo prohibió y creo que esa es la única regla que he cumplido en mi vida.
-¿Qué es eso?
-¿El qué?
-Ese ruido, ¿no lo has oído? Parecen pasos acercándose.
-¡Mierda! Tiene que ser Hugo. Tenemos que escondernos, como nos pille nos va a caer una buena.
-¿Dónde?
-Al cuarto, rápido.
-Pero…
-Azi, entra.

Bruno la empuja al interior y apaga la linterna. Segundos después se oye una llave en la cerradura y pasos. Más pasos. Una bicicleta. Más pasos. Un portazo. Otra vez la llave. Bruno suspira. Azahara también, y sólo cuando ya no se oye ni un solo paso lejano seda cuenta de que está cerca, muy cerca de su amigo. No lo ve pero escucha su corazón latiendo junto a su oreja. Entonces él enciende la linterna. Como había intuido sól unos centímetros los separan. Busca sus ojos y sus miradas se encuentran. Y en ese momento sus labios se rozan brevemente casi sin darse cuenta. Los labios de él saben a chocolate y son carnosos. Los de ella son finos y suaves y también tiene ese saborcillo dulce. Se separan casi de inmediato y, al hacerlo, Azahara tira un taburete que se cae estrepitosamente.

-Lo siento.
-No, no pasa nada, ahora lo recojo.
-Será mejor que me vaya, se hace tarde.

La joven sale del cuarto. Él recoge el asiento y descubre que, al caer, ha tirado una tela que cubría unos cuadros. El primero de ellos muestra a una joven tumbada en un antiguo sofá. Bruno juraría que la mujer del cuadro es Azahara. Tiene sus mismos ojos, sus mismos labios, su misma mirada… ¿Cómo puede tener su padre cuadros de una chica a la que él acababa de conocer? Coloca de nuevo la tela sobre el cuadro y cierra la puerta al salir. Su cara debe mostrar la impresión que le ha causado la visión del cuadro.
-¿Estás bien?
-Perfectamente. Vámonos.

Se despiden y la chica se va a su casa a ritmo rápido. Si alguien la hubiese visto habría creído que huía de algo o de alguien. Sólo cuando llega a la seguridad de su habitación se relaja. Lo ha besado, bueno, se han besado. ¿Por qué? Intenta convencerse a sí misma que ha sido por la tensión contenida tras la aparición de Hugo pero en el fondo ella sabe que quería que eso pasase, lo llevaba deseando desde que lo conoció. Pero ¿y él? ¿También quería que pasase o sólo había respondido a su beso? ¿Qué habrá sentido? Porque ella se siente llena de felicidad, es una sensación tan fantástica que no quiere que desaparezca nunca. Al final decide que lo mejor será hacer como si ese beso no hubiese existido, la amistad de Bruno vale mucho como para perderla por una tontería. Porque es eso lo que ha sido, una tontería, ¿no?

Llaman a la puerta de su cuarto. Es Irina.
-¿Dónde has estado? Te he llamado como cien veces- no se lo recrimina a pesar de las palabras.
-Lo siento, tenía el móvil en silencio- lo busca en el bolsillo de su abrigo. No está. Y el bolsillo estaba abierto. Se le ha tenido que caer en casa de Bruno.
-Da igual, sólo quería saber si  estabas bien.
-Estoy bien.
-Azi, he estado pensando y lo mejor será que nos vayamos.
-¿Qué dices? No, no. Si es por lo de hoy, perdóname, es que no he tenido un buen día.
-No es por eso, es por todo. Gracias por habernos acogido, en serio, pero es hora de que te dejemos vivir tu vida.
-No hace falta, os podéis quedar el tiempo que necesitéis.
-Ya te hemos molestado bastante, mañana nos largamos.
-No os vayáis.
-No vas a conseguir que cambie de opinión. Muchas gracias por todo, nunca podré olvidar lo que has hecho por nosotros.
-¿Y qué vais a hacer?
-Un amigo de Leo se ha comprado un piso y busca compañeros.
-¿Y dónde está? ¿Podré ir a verte?
- Podréis visitarme siempre que queráis, tú y Dani, ya lo sabes. Además nuestra casa no está lejos de aquí así que puedo venir a veros cuando quiera.
-Vale.
-Te tendré al tanto de todo siempre y cuando tú me cuentes todo lo que pase con ese novio tuyo.
-No es mi novio- pero no lo dice tan convencida como otras veces sino como quien dice la hora.
-Tiempo al tiempo, Azi.

 

Mientras, Bruno también se ha encerrado en su habitación para darle vueltas a lo del beso. Le gusta Azi, eso lo sabe de sobra, pero lo que siente por ella va más allá de una simple atracción y no piensa echarlo a perder por ir demasiado así que no piensa mencionar nada de ese beso a no ser que ella saque el tema.
Y lo del cuadro, esa es otra historia. Por más que lo ha pensado no acierta a concluir las razones por las que su padre  puede tener un cuadro de Azi. Si se lo pregunta le caerá una buena bronca por haber  entrado en el cuarto prohibido, pero su curiosidad hará que se arriesgue de todos modos.

Un mal día


Ainara entra en clase veinte minutos después de que ésta empezara. Lleva el pelo suelto y algo despeinado. Su cara, roja como un tomate, y su respiración trabajosa dejan ver que ha venido corriendo. Tira la mochila al suelo sin preocuparse por los daños que puedan sufrir los libros en su interior y ocupa su sitio junto a Azahara.
-¿Qué te ha pasado?
-No he oído el despertador, acabo de oír tu llamada y he venido lo más rápido que he podido.
-¡Ainara! Ya que te has perdido media clase es cucha la otra mitad. Tus notas no son como para andarte saltando clases- le regaña el profesor de matemáticas.

Ainara asiente y le hace un gesto a su amiga como diciendo “luego te cuento”. Al final de la clase el profesor les entrega los exámenes, que hicieron hace dos semanas, corregidos. Azahara sonríe al recibir el suyo, ha sacado un nueve, las matemáticas siempre se le han dado bien, en cambio, su compañera ha suspendido. El timbre indica el final de la clase y el profesor recuerda a sus alumnos que deben traer el examen firmado en la próxima clase.

-Tu madre te va a matar.
-Ya, pero es que no entiendo las matemáticas. Haga lo que haga siempre me suspende, yo creo que me tiene manía. 
-Sí, como todos últimamente. Tal vez si probases a estudiar un poco la cosa cambiase, ¿no?
-¿Estudiar? ¿Qué es eso?
-Nada, déjalo eres incorregible. ¿Qué era eso que me tenías que contar?
-Ah, sí, seguí tu consejo.
-¿Y?
-Que funcionó, estoy saliendo con él.
-¿Ya? ¿Tan pronto?
-Sí, ¿no te alegras?
-Sí claro, no es eso, es que no me lo esperaba, ¿no vas demasiado rápido?
-¡Qué va! Eres tú la que va lenta.
-Será eso.
-Es maravilloso, Azi, el sentir que alguien piensa en ti, que te quiere, y sus besos…me enamoran sus besos. Estoy muy feliz ¿no me ves distinta? ¿Mejor?
-Sí, se te ve bien. Oye, yo quería decirte algo.
-Claro, dime.
El timbre interrumpe su conversación y el profesor de biología entra en su aula.
-Luego me cuentas, ¿sí?  

Azahara asiente pero no encuentra el momento para hablar con su amiga de Bruno porque Ainara no para de hablar de su novio y de lo bien que besa y de lo guapo que es y de mil chorradas por el estilo.

Eso le pone de mal humor. Y ese mal humor se incrementa al llegar a casa y descubrir a su hermano todavía en pijama tirado en el sofá.
-¿Y tú qué haces ahí? ¿No deberías estar viniendo de clase?
-Es que estoy malo, me encuentro fatal, me duele mucho la cabeza y tengo fiebre.
-¿No era hoy cuando tenías examen de lengua?
-Sí, tendré que hacerlo otro día.
-Tenías que haber ido a clase, Dani.
-Estaba malo, Azi, además la prima me ha dejado quedarme en casa.

La joven deja la mochila en su habitación y va a la cocina donde come su prima.
-¿Por qué has dejado que Dani se quede en casa?
-Está malo.
-Irina, por favor, ¿cuántos niños malos has visto en tu vida? ¿Ninguno? Dani está más sano que una lechuga, está fingiendo para no hacer un examen.
-¿Y?
-Que no puede hacer eso, tiene que ir a clase y punto.
-Pero no había estudiado.
-¡Pues que suspenda!
-Azi, no pasa nada porque se salte un examen.
-Sí que pasa y tú no eres nadie para darle permiso para hacerlo ¿entendido? De la educación de Dani me encargo yo.
-No te pongas así. Lo siento ¿vale? Si te he molestado, lo siento. No lo volveré a hacer, no te preocupes- Irina deja  la cocina notablemente molesta.

Azahara coge una manzana del frutero, recoge su abrigo y las llaves y se marcha. Necesita aire puro. Camina despacio con las manos en los bolsillos hasta llegar al parque. Allí, se sienta en un banco y observa cómo el agua cae en la fuente. Hay momentos en los que siente que se equivocó al aceptar que que su prima y Leo viviesen en su casa. Antes de que ellos apareciesen, ella y su hermano estaban muy unidos pero ahora lo siente cada vez más lejos, es como si Dani prefiriese a Leo y a Irina antes que a ella y eso le duele. Además, hace tiempo que no siente a su prima tan cercana como antes, ya no le cuenta nada, ni siquiera le ha contado lo de su pelea con su novio, Azahara lo sabe porque les oyó reconciliarse, nada más. Y Leo…es majo y tal y la cocina se le da de maravilla, pero a veces tiene un pronto que no le gusta nada, como el día en que le echó una bronca enorme a Dani sólo porque al niño se le había caído uno de los mandos de su consola. En resumen, que ya no se siente cómoda en su propia casa. Tal vez haya llegado el momento d e decirle a Irina que deben abandonar su casa.

Tan absorta como está en sus pensamientos no se ha dado cuenta de que ha empezado a nevar.
 

viernes, 22 de marzo de 2013

Cocinillas (2)


Se ponen con el postre. Bruno saca las natillas de la nevera y se ponen a aplastar galletas.

-No, así no- le corrige Bruno- tienes que cerrar el puño y girar la muñeca.
-¿Así?
-Sí, mucho mejor.
-¿Cómo piensas hacer el yogur de frutas?
-Triturando frutas y echándolas en un bol lleno de yogur natural. ¿Empezamos ya?
-Sí, ¿qué fruta vamos a poner?
-Hay manzana, uvas, fresas…
-Fresas no
-Cierto, que ya hay, pues también hay naranja, plátanos…¿de qué lo hacemos?
-Yo diría que de naranja, manzana y plátano porque las uvas no me pegan mucho.
-Vale, te encargas tú de las naranjas ¿no?

Ella pela varias naranjas mientras él se encarga de un par de manzanas y tres plátanos. Lo juntan todo en un bol y con la batidora hacen una especie de puré de frutas.
-No tiene muy buena pinta- opina Azahara.
-Ya… ¿y qué hacemos? ¿Sólo dos salsas?
-Creo que va a ser lo mejor.
-¿Y qué hacemos con esto? ¿Lo probamos?
-No hay huevos.
-¿Que no? Mira- Bruno coge una cuchara y la llena del puré. Se acerca la cuchara a la boca y se lo come-. Umm, está muy bueno, pruébalo.
-No, no, yo no pruebo eso.

Bruno coge otra cucharada del puré y se acerca a su amiga.
-No te acerques más, Bruno, que no.

El chico no obedece así que ella echa a andar marcha atrás hasta que su espalda choca contra la nevera. Bruno se ríe.
-Estás atrapada, lo vas a probar
-No, Bruno, por favor.

La cuchara se cada vez está más cerca de la cara de Azahara.

-Vale, vale, ya lo pruebo, pero yo solita, dame la cuchara.

Bruno se la da y se echa hacia atrás. Mientras la chica se acerca la cuchara a la boca y lo prueba, él coge el bol con el resto del puré y vuelve a situarse cerca de su amiga. Y antes de que ella se dé cuenta de lo que sucede él unta su mano en el puré y le extiende el puré por la cara a Azahara.

-¡¡Bruno!!- grita ella y contrataca echándole lo que queda del puré de  la cuchara en la cabeza.

Bruno la mira dispuesto a utilizar el resto del puré en su contra. Ella lo mira con cara de cordero degollado como suplicando con la mirada un poco de compasión, lo que podría hacer que el joven desistiese de sus intentos. Pero la sonrisita pícara de la muchacha le incita a seguir con el jueguecito. Agarra el bol con las dos manos y, lentamente lo va poniendo sobre la cabeza de Azahara. Ella le chilla que no e intenta escapar pero está en una esquina de la cocina con su amigo delante y la puerta fuera de su alcance.

-¿Qué estás haciendo?- es la voz de Hugo la que frena al chico.
-Nada, nos estábamos divirtiendo.
-Tal vez vosotros sí, pero no creo que los vecinos lo encuentren muy divertido, vuestros gritos se escuchan por todo el edificio. Y, por cierto, deberíais miraros en un espejo.

Los dos jóvenes se recorren con la mirada el uno al otro y estallan en una gran carcajada.
-No te muevas de aquí, voy a por la cámara, quiero un recuerdo de esto-dice Bruno cuando consigue parar de reírse. No tarda en volver con una cámara azul en la mano-. Hugo, porfa, haznos una foto.
-¿Es necesario?
-Sí, ven, acércate Azahara.

El flash ciega a la chica que se queja, pero él no le hace caso y le da una cacerola para que se la ponga en la cabeza. Otra foto.
-Ya está, ¿no? Id a limpiaros un poco. ¿Habéis hecho algo comestible o llamo a la pizzería?
-No llames a nadie, lo tenemos todo listo.
-Perfecto, id a lavaros. Yo me encargo de arreglar un poco este desaguisado y de poner la mesa.

Azahara sigue a Bruno por el pasillo. Entran en la tercera puerta a la derecha. Es un baño bastante amplio iluminado por los rayos de sol que se cuelan por una ventana de cristal traslúcido. El baño también está decorado con un estilo moderno como la cocina pero usando en esta ocasión azulejos de varios colores. Sobre el lavabo hay un espejo de grandes dimensiones. Bruno se lava sin levantar la mirada del lavabo. Ella, en cambio, prefiere  ver qué aspecto tiene. Su mirada va al espejo y lo que hace que suelte una carcajada y, a continuación, meta las manos bajo el chorro de agua y se lave la cara. Se sacude también la harina que lleva en la camiseta y en los brazos y se dice a sí misma que no hay nada que pueda hacer por su pobre pelo que tiene un ligero color grisáceo. Cuando acaba de limpiarse se da cuenta de que Bruno está esperándola en la puerta. Abandonan el baño y mientras atraviesan el pasillo, Azahara le pregunta:
-¿Quién ha decorado tu casa? ¿Tu madre?
-No. ¿Por qué?
-Simple curiosidad.
-Fue mi padre. Se le da muy bien estas cosas así que mi madre confió en él.
-Yo también lo haría viendo el resultado. ¿A qué se dedica?
-Trabaja en una oficina, no sé muy bien qué es lo que hace. Pero en su tiempo libre le gusta pintar. De ahí mi gusto por la pintura y el dibujo, aunque lo que yo hago no llega ni de lejos a los cuadros de mi padre. Es una pena que no pueda enseñarte alguno.

Azahara y Bruno entran en el salón-comedor donde Hugo les espera con la mesa preparada. Comen manteniendo una agradable conversación hasta que cuando están acabando con las albóndigas cuadradas Bruno dice algo que molesta a su hermano.

-Le he hablado a Azahara de los cuadros de papá, ¿podría enseñarle alguno?
-No, ya sabes que no le gusta que se vean sus cuadros.
-Pero uno de los viejos, de los que hay en el desván. Seguro que ni se da cuenta de que los hemos visto.
-He dicho que no.
-Hugo, no seas aguafiestas.
-No vas a ir a ver esos cuadros, ¿de acuerdo?
-Pero…
-Prométeme que no vas a ir.
-Vale.
-Me voy, ya no tengo hambre.

Hugo se levanta de la mesa y desaparece por el pasillo. Bruno se encoge de hombros cuando Azahara le mira y se va a por el postre. Azahara se come el último bocado de albóndigas que queda en su plato y bebe un trago de agua. No le gusstan nada las peleas entre hermanos. Ella y Dani casi nunca discuten y normalmente es por asuntos de lo más insustanciales y el enfado les dura más bien poco. Bruno llega con el postre.

-Creo que hemos hecho mucho para dos opina ella.
-Da igual, lo que sobre lo guardo en la nevera, seguro que se lo come para merendar.
-¿Va a merendar? Pero si son las cuatro y aún no hemos acabado de comer.
-Hugo siempre merienda, la merienda es sagrada para él- dice mientras pincha con el tenedor una fresa y la unta en las natillas-. ¡Está buenísimo! Pruébalas.

Ella coge una y hace lo que le ha dicho. Comparte su opinión. Pero, a pesar del sabor dulce de la fruta, no consigue quitarse el sabor amargo que le ha dejado la discusión de los hermanos.

Cuando ya no son capaces de tragar ni una sola fresa más, recogen todo y friegan los platos. A las ocho la chica decide que ya es hora de irse a casa y él la acompaña.

Hace frío así que caminan deprisa. Pero el frío no le quita las ganas de hablar a Bruno que no calla en todo el camino. La muchacha prefiere no intervenir hasta que llegan a su portal. Una vez dentro él se calla y ella toma la palabra.
-El viernes hacemos cine en mi casa, no es como lo que tú me llevaste a ver pero hay una peli y palomitas y eso. Estarán mi hermano, mi prima y su novio y Ainara. ¿Te apuntas?
-Claro, pero ¿tu madre nos deja?
-Mi madre murió.
-Ay, lo siento, no pretendía…
-No te preocupes, no soy de esas que no soportan escuchar que su madre está muerta.
-¿Y tu padre?
-Él sigue vivo.
-¿Y cómo es tu relación con él? ¿No va a prohibirte lo de la peli?
- No, ni siquiera va a enterarse, no vive en mi casa.
-¿Y eso?
-Es complicado. Entonces ¿vienes o no?
-Sí, claro ¿cuándo me ha perdido yo una peli?
-Te espero entonces. Tu hermano también puede venir si quiere, aunque esto no se pueda comparar a su cine.
-Se lo diré.
-Tengo que irme.
-Pues adiós, Azahara.
-Llámame Azi, Azahara es muy largo, ¿no?
-Azi entonces.
-Hasta el viernes.

Azahara entra en su casa y lo primero que hace es darse una ducha para quitarse bien toda la harina que todavía lleva incrustada en el pelo. Al salir se pone el albornoz y se va a su habitación. Se tumba en la cama mirando el techo. Piensa en ese día, en lo bien que lo ha pasado con Bruno, en lo increíblemente bien que se sientes cuando él está a su lado, en las sonrisas que se pelean por llegar a sus labios cuando él aparece, en lo guapa que se siente cuando él la mira, en lo superfluo que se vuelve todo cuando él llega, en cómo su corazón se dispara cuando le ve sonreír, en todo lo que siente cuando está cerca. Últimamente piensa mucho en Bruno, incluso más de lo que a ella le gustaría. Hay ocasiones en las que piensa ,que tal vez, su prima tenga razón y es e chico sí quse le guste a pesar de todo. Y entonces, ¿por qué lo niega? ¿Por qué no dice que sí, que le gusta? ¿Por qué no es capaz de enfrentarse a la realidad? Ni ella misma lo sabe, sól puede asegurar que Bruno le hace sentir algo que nunca había sentido por nadie y esa afirmación le hace sentirse tontamente feliz.

Unos golpecitos en su puerta la sacan bruscamente de sus pensamientos.
-Adelante.
-¿Molesto?- la cabeza rubia de Leo aparece por la puerta seguida por el resto de su cuerpo.
-No, no estaba haciendo nada.
-Verás, es que la semana que viene es el cumpleaños de Irina y todavía no sé qué regalarle, y he pensado que tú podrías ayudarme.
-¿Yo?
-Sí, tú la conoces mejor que nadie ella te lo confiaría todo, Azi. ¿Vas a ayudarme?
-Sí claro, dame unos días para pensarlo, ¿vale?
-Gracias, sabía que podía contar contigo.

Leo se va y cierra la puerta.

-Sí, todo el mundo puede contar conmigo- se dice a sí misma pero en voz alta y con un deje cansado en la voz. Ella siempre está dispuesta a ayudar al que la necesite pero cuando es al contrario se ve siempre sola y  ya empieza a cansarle esta situación.

martes, 12 de marzo de 2013

Cocinillas


Y puntual como siempre, Bruno toca el timbre justo a y media. Después de andar diez minutos llegan a un portal en el que  puede leerse el número 2. Él saca las llaves del bolsillo y abre la puerta. Suben en el ascensor y se paran frente a la puerta con la letra F. Cuando entran en la casa Hugo les espera en la puerta.

-Os he visto por la ventana- explica
-Ahora voy a tener más cuidado de con quien paso por aquí sabiendo que te dedicas a espiar por las ventanas.-bromea su hermano.
-Como quieras. Me alegro de volver a verte Azahara.
-Yo también.
-Bueno, ¿nos ponemos manos a la obra o qué?- interviene Bruno.

Su hermano asiente y la chica les sigue a la cocina. Es una cocina muy espaciosa y moderna con azulejos rojos y blancos y una encimera negra. Prácticamente en el centro hay una mesa con cuatro sillas, sobre la mesa un mantel de frutas. Hugo les deja solos y se marcha.

-¿Tu hermano no se queda?
-No, no le van mucho estas cosas, es un poquillo aburrido pero no se lo digas, él dice que ya es un adulto y que está por encima de estas cosas.
-¿Y tus padres no están en casa?
-Se han ido al pueblo a pasar el finde, por eso vamos a hacer esto mi madre me mataría si estuviese. Ten, toma este delantal- Bruno le tiende un delantal con el dibujo de un cerdito regordete comiendo manzanas. Ella lo coge y se lo pone. El de él es verde y tiene pollitos.
-Me gustan tus delantales, son preciosos.
-¿Verdad que sí? Bueno aquí tenemos el menú, tenemos que elegir uno de cada, ¿sí? De primero: espaguetis a la carbonara, ensaladilla rusa o arroz tres delicias. De segundo: albóndigas, filetes empanados o merluza en salsa verde. Y de postre: fresas con nata, natillas de chocolate con galletas o yogur de frutas. ¿con qué te quedas?
-No sé, todo suena muy bueno, ¿qué me recomiendas?
-Espaguetis y albóndigas, de postre me da igual.
-Estoy de acuerdo pero tengo una idea para el postre.
-¿Cuál?
-Ponemos fresas y como varias “salsas” por llamarlas de algún modo para untarlas, una salsa es la nata, otra las natillas con galletas y otra el yogur de frutas.
-Es una idea fantástica, nunca se me habría ocurrido.
-Ya son las dos si no empezamos ya mejor preparamos la cena.

Se ponen manos a la obra y mientras Bruno se dedica a evitar que los espaguetis se peguen, Azahara hace albóndigas cuadradas.
-¿Cuadradas?
-¿Por qué no? ¿A que nunca las has probado?
-No.
-Pues ya va siendo hora.

Los espaguetis ya están casi listos y Bruno se pone a ayudar a su amiga con las albóndigas. Coge un poco de harina y se la lanza a Azahara. La chica chilla y contrataca con más harina. Él coge otro puñado y se lo lanza, ella va a lanzarle otro cuando ve que el chico ha cogido una de sus albóndigas.

-No, no, las albóndigas no.
-Vale, tregua.

Se miran el uno al otro y se echan a reír. Azahara está prácticamente cubierta con ese polvo blanco, Bruno sólo la mitad derecha. Ella intenta retirarse un poco de harina que se le ha quedado en el la mejilla pero tiene las manos llenas de harina y lo único que consigue es mancharse más. Él se limpia las manos en un trapo y le ayuda a limpiarse la mejilla. Cuando la mano de él roza su piel una sensación cálida se extiende por todo su cuerpo. Se quedan así durante unos instantes y al final él retira la mano.

-Gracias
-¿Seguimos?
-Sí.
Acaban con las albóndigas.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Un domingo poco habitual


A la mañana siguiente le despierta un gran alboroto: varias personas hablando a un volumen poco adecuado para poder dormir. Azahara enciende la luz y mira el despertador que hay sobre su mesilla de noche. Las doce menos cuarto. No es que sea pronto pero le molesta que le hayan despertado a gritos. Se levanta y sube la persiana. El sol intenta escapar de la prisión de nubes en la que lleva encerrado prácticamente todo el mes. Abre la ventana y deja que la habitación se ventile. Todavía en pijama va a desayunar. Al pasar por el salón se sorprende de encontrar a Ainara en él. No está acostumbrada a ver a su amiga los domingos porque Ainara suele pasar la mañana durmiendo y la tarde haciendo deberes o estudiando, siempre lo deja todo para el último día.

-¿Qué haces tú por aquí? Es domingo.
-Anda, si ya se ha despertado la bella durmiente. ¿Desde cuándo duermes tanto?
-Desde que se va de juerga con un chico hasta las tantas- interviene Irina.
-¡Eh! Primero, no estaba de juerga, fuimos al cine, y segundo, no volví a las tantas, ¡eran las diez y media!-se defiende Azahara- ¿Y tú por qué has venido?
-¿Es que ahora no puedo hacer una visita a mi mejor amiga?
-Pues sí, pero te conozco y sé que tú no vendrías un domingo por la mañana si no es con algún motivo.
-¡Qué va!
-Entonces me voy a desayunar.
- Espera , voy contigo
-¿Qué te decía yo?

El resto de la casa, que estaba en el salón, se ríe al ver que Ainara se levanta corriendo y se une a su amiga. Azahara mete en vaso de leche en el microondas y se sienta en la mesa mordisqueando una galleta mientras espera a que la leche se caliente. Ainara también toma asiento y acerca una silla a la mesa.

-¿Me vas a contar para qué has venido?
-Sí, pero antes quiero saber qué pasó anoche y no te ahorres ni un detalle.
-Vale, Bruno me mandó un mensaje y quedamos para dar una vuelta, que, por cierto, ¿cómo se te ocurre darle mi número?
-Es que me miró con esos ojitos y no pude decirle que no, lo siento, pero tú sigue contando.
-Pues eso, vino a buscarme y me llevo a un cine muy raro y vimos una peli…
-¡Qué típico!
-¿Por? Era una sesión privada sólo para nosotros.
-Ah, eso es otra cosa. ¿Y qué más?
-Me presentó a su hermano que era el que había hecho la película.
-¿Es director de cine?
-Eso parece.
-¿Y es como su hermano?
-Se parece mucho, sí, aunque yo diría que es algo más guapo.
-¿Más todavía? ¿Y tiene novia?
- Yo qué sé, no se lo pregunté, además, ¿a ti qué más te da?
-Pues me importa porque, no sé  si te das cuenta pero, somos las únicas de nuestra edad que no tenemos novio.
-¿Y?
-¿Cómo que “y”? Pues que no me gusta ser un bicho raro y que ya va siendo hora de que vayamos echándonos un novio, guapa.
-No pienso echarme novio porque “todas tienen novio”, me echaré novio cuando encuentre a alguien no cuando los demás quieran.
-Tú y tus sentimientos
-Bueno, ¿y tú por qué estás aquí?
-Por nada, lo tuyo es mucho más interesante, sigue contando.
-No pasó nada más, nos despedimos de su hermano y me acompañó a casa, eso es todo.
-¿Nada más? Jo, yo esperaba una declaración de amor o por lo menos un besito de buenas noches.
-Pero ¿de qué hablas? Solo somos amigos.
-Todavía.
-Pues sí y ¿lo tuyo?
-No es nada, no merece la pena contarlo.
-No, no te escaquees, ahora me lo vas a contar.
-Pues, iba con mis padres en el coche y un chico me guiñó un ojo y me lanzó un beso por la ventanilla.
-¿Y quién era?
-No lo conoces.
-¿Y tú? ¿Tú le conoces?
-Sí, es un vecino, vive justo encima de mi casa.
-¿Y cómo es?
-Guapo, mucho, aunque claro, comparado con tus actuales compañías, es de lo más común.
-Pero te gusta.
-Sí.
-Entonces ¿por qué no te lanzas?
-Porque me da miedo, Azi.
-¿Te da miedo?
-¿Tan raro es? Es que no creo que yo le guste.
-¿Se dedica a lanzar besos a todas las chicas que ve?
-No, pero…es que él ya ha tenido muchas novias y yo soy nueva en eso.
-Pues a buena has ido a pedir consejo.
-Ya, pero es que solo te lo puedo contar a ti.
-Y ¿qué quieres que te diga?
-Qué tengo que hacer.
-Pues no sé, haz algo, yo qué sé, algo que le haga ver que a ti también te gusta, así evitarías tener que dar tú el primer paso.
-Sí, lo ves, eres genial. Por esto es por lo que acudo a ti porque tú siempre tienes la respuesta adecuada. Eres la mejor amiga del mundo.
-A ver si algún día puedo decir lo mismo de ti.
-No lo dudes, ya sabes donde encontrarme siempre que lo necesites. Bueno, me voy que si no vuelvo pronto mi madre se va a subir por las paredes. Nos vemos mañana en clase, ¿vale?
-Sí, sí.
Ainara se marcha y su amiga se acaba el desayuno antes de levantarse y acercarse al salón.
Irina está tumbada en el sofá mientras su novio y su primo se entretienen echando una partida con la consola de Leo.

-¿Otra vez con ese trasto?
-Ya ves, prima, están tan concentrados que no pueden ni contestar. Les importa más ese chisme que yo.

Su comentario queda sin respuesta.
-¿Lo ves? Vámonos a otro sitio.

Las dos juntas se van a la habitación de Azahara. Irina se sienta en la silla giratoria mientras su prima opta por tumbarse en la cama todavía deshecha. Hablan de temas de lo más diversos aunque poco interesantes hasta que suena el móvil se Azahara. Es un mensaje se Bruno: “¿tienes planes para comer? Si es no, ¿te vienes a mi casa a comer? El plan es  primero pasárnoslo pipa haciendo la comida y luego comerla si es comestible y si no pedir unas pizzas. También está mi hermano, ¿te apuntas?”

-¿Puedo ir?
-Claro que sí, diviértete.




Azahara le contesta con el mensaje: “me encantaría” y en seguida recibe otro: “paso a recogerte a la una y media”.